Volgogrado permite mirar a la Guerra, incluso en el Mundial

Casi 60 años después de que cambió su nombre a Volgogrado, esta ciudad y su sangrienta historia siguen evocando los horrores de la guerra, incluso en medio del jolgorio del Mundial.

Stalingrado, como se conoció a esta ciudad junto al Río Volga entre 1925 y 1961, es ahora un término que define una de las batallas más cruentas en la historia. Jamás se conocerá el número exacto de muertos, pero los historiadores hablan de cerca de un millón de personas de ambos bandos, que perecieron en aquel crudo invierno de 1942-43, cuando la maquinaria de guerra nazi se vio imposibilitada de cruzar el Volga. A partir de entonces, comenzó un repliegue que culminaría con su derrota.

La ciudad quedó básicamente reducida a escombros, y sus residentes de la actualidad recordarán por siempre los sacrificios de sus antepasados.

“Es sagrado para nosotros, porque en cada familia en la región de Volgogrado hay gente que murió en la batalla, y no debemos olvidarlo. Cada año hacemos actos patrióticos e impartimos lecciones a los niños para que sepan todo de esto”, comentó Daria Kolomyichenko, de 21 años. “Es nuestra historia y estamos muy orgullosos”.

Para los visitantes, particularmente de países que pelearon contra los nazis, los monumentos en la ciudad y sus alrededores son un recordatorio de que los sacrificios de los rusos en Stalingrado fueron cruciales para que los aliados ganaran la Segunda Guerra Mundial. En particular, causa impresión la estatua de 85 metros (280 pies) conocida como La Madre Patria Llama”.

Y en momentos de disputas políticas entre Rusia y Gran Bretaña, la selección inglesa jugó su primer encuentro del Mundial en Volgogrado.

“Ver la estatua y entender la historia te recuerda que hay algunas cosas mucho más grandes que el fútbol. Es una buena perspectiva para todos nosotros”, comentó el técnico inglés Gareth Southgate.

Por doquier en la ciudad de un millón de habitantes se aprecian referencias a la batalla. Abundan los monumentos en la Ciudad Heroica, distinción otorgada por la Unión Soviética.

Pero además, Volgogrado es ahora un polo de la economía regional, con muchas atracciones, parques y visitantes.

El estadio se construyó en las márgenes del Volga y en la parte baja de la Mamayev Kurgan, la colina por la que pelearon ferozmente el Ejército Rojo y los nazis. Hubo días en que el control del monte cambió de manos varias veces, y se cuenta que el terreno de la montaña estaba tan empapado de sangre que el agua de los mantos freáticos se envenenó.

Ere los monumentos que hay ahora en la colina figuran un estanque de granito, una llama eterna y fosas comunes. Pero la escultura gigante en la cima deja al visitante sin aliento. Está también el Museo Panorama, adjunto a los restos de un molino que quedó en ruinas por el impacto incesante de los proyectiles.

Fanáticos ingleses se unieron a dignatarios para colocar una ofrenda floral en la zona.

“Estoy interesado en el fútbol y todos ustedes también, pero cuando hay un acto como éste, uno se da cuenta de que esto se relaciona con algo más que el fútbol”, comentó el hincha Billy Grant.

El fútbol es quizás un deporte que une al mundo más que otros. Y ciertamente lo logra mejor que la política o las religiones.

Rusia es blanco de críticas por anexarse la Península de Crimea que estaba en manos de Ucrania, por su supuesta participación en el envenenamiento de un exespía ruso y de su hija en el sur de Inglaterra y por la presunta intervención en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Pero los visitantes de todo el orbe tienen ahora una oportunidad de recordar el papel relevante del país en la Segunda Guerra Mundial, independientemente de lo que se piense de Josef Stalin. Fuente AP

 

 

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