Cambio de ruta de migrantes a Europa afecta España

El júbilo se dibujaba en el rostro de Askanda Fopa Ponye al desembarcar de un buque de rescate, uno de los arribos más recientes en una ola creciente de migrantes en la ruta más corta de África a Europa y que se ha convertido en la más transitada.

El camerunés de 24 años culminaba así una ardua travesía de nueve meses a través del continente africano y de 10 horas en el Mediterráneo, que cruzó desde Marruecos en un frágil bote inflable de remos que compró con otras siete personas.

Al desembarcar por fin en Algeciras junto con otras 74 personas, Fopa Ponye no poseía otra cosa que la ropa mojada que llevaba puesta, la resolución de encontrar  trabajo en Barcelona y un mensaje para los gobernantes europeos que quieren endurecer las normas y reducir el número de los que buscan una vida mejor.

“Los inmigrantes no vienen aquí a hacer cosas malas. Yo no vengo aquí a buscar problemas”, dijo  ante  el trasfondo del imponente Peñón de Gibraltar y el puerto con sus yates lujosos.

Las 17.781 personas que han llegado al sur de España en lo que va del año superan los arribos por mar a Italia (16.452) o Grecia (13.120), de acuerdo con las cifras más recientes de ACNUR, la comisión de la ONU para los refugiados. De los 972 que murieron en el mar, casi un tercio (292) perdió la vida en el intento de llegar a España.

Y aunque la cifra de migrantes económicos y solicitantes de asilo en Europa han disminuido después del pico de 2015, la renovada popularidad de la llamada ruta del Mediterráneo occidental pone a prueba tanto a las fuerzas de seguridad como a las redes del seguro  social de España.

Desbordadas las instalaciones policiales y de atención de menores en Cádiz, la provincia más austral de España, las autoridades recurren a instituciones deportivas, albergues e incluso terminales portuarias.

El martes, el día que rescataron a Fopa Ponye, había más de  600 personas en el centro deportivo de Tarifa, algunas oriundas de lugares tan lejanos como Bangladesh o Sri Lanka. Mujeres, algunas embarazadas o con niños recién nacidos, dormían en una cancha de baloncesto que compartían con decenas de adolescentes no acompañados.

Para el miércoles, Tarifa estaba desbordada y las autoridades tuvieron que habilitar una nueva instalación en la vecina Barbate. Hubo momentos de tensión el jueves cuando decenas de marroquíes se abalanzaron hacia una salida para huir de la policía.

España tiene acuerdos bilaterales con Marruecos, Argelia y otros países africanos para devolverles a sus ciudadanos, por lo cual es casi imposible para los oriundos de esos países obtener asilo. Pero la mayoría de los africanos subsaharianos y otros que arriban al país reciben una orden de expulsión que las autoridades rara vez pueden ejecutar.

La mayoría queda en libertad y sigue viaje hacia Francia u otros países. Entre los que se quedan _a la espera de asilo y sin poder trabajar_ unos pocos viven de la asistencia pública por hasta dos años. Pero muchos acaban en la calle o a merced de los criminales. Los gobiernos locales, sobre todo en ciudades como Madrid o Barcelona, les brindan ayuda limitada en materia de alojamiento, para lo cual suelen recurrir a organizaciones de caridad.

Activistas y ONG dicen que es necesario elaborar una estrategia. La oleada de principios de verano _casi 5.000 por barco desde el 11 de junio, según la Organización Internacional de Migración_ pone de manifiesto que la respuesta española es escasa en equipos y fondos y se apoya excesivamente en la improvisación.

Al mismo tiempo, resurge el debate sobre la inmigración que divide a Europa. Una cumbre de la UE en Bruselas el jueves y viernes estudia el papel central de España como puente desde países que son puntos de origen o de tránsito en las rutas de migración.

Los acuerdos de cooperación con fondos y entrenamiento para guardias costeras de Senegal y otros países resultaron cruciales en 2006 para reducir la afluencia de casi 32.000 personas a las Islas Canarias.

Pero la estrategia española se ha visto alterada por un sistema de asilo que acumula más de 43.000 solicitudes pendientes _4.670 personas lo recibieron el año pasado_ y las controvertidas deportaciones sumarias de migrantes que entran a los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en el norte de África.

El reverendo Josep Buades, un sacerdote jesuita que visita a los migrantes en algunos de los centros de detención conocidos como CIE, dijo que “la experiencia de España no es un ejemplo de éxito, debería ser una llamada de atención de los retos a los que se enfrenta la Unión Europea”. Fuente Yahoo Noticias.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=LaI-k34xnaA&w=560&h=315]

Entrada siguiente

EEUU, Japón acuerdan continuar ejercicios militares

vie Jun 29 , 2018
Por segunda vez en dos días, el secretario de Defensa estadounidense Jim Mattis intentaba atemperar los temores de un aliado asiático sobre los compromisos de Washington en la región en […]