Según la lógica televisiva, no hay dudas de que Trump será reelegido

A principios de la década de 2000, cuando se convirtió en pionero de los realities de televisión, con éxitos como The Bachelor y Who Wants to Marry a Multimillonaire?, el creador Mike Fleiss se dio cuenta de inmediato de que para que un programa tenga éxito el televidente tiene que sentirse involucrado. “Cuando se elaboran ese tipo de programas, hay que decidir cuál es la apuesta, ya sea encontrar el amor verdadero o ganar un millón de dólares”, dice Fleiss.

Hoy en día Fleiss hace lo mismo que millones de televidentes norteamericanos: se queda pegado a la pantalla de los canales de noticias, escuchando a los paneles de expertos que se devanan los sesos para descular las imparables ramificaciones de ese intrincado e impredecible show televisivo en continuado que es la presidencia de Donald Trump.   “En este caso, lo que se apuesta es el futuro del mundo, la seguridad de la humanidad y la salud del planeta”, dice Fleiss.

Fleiss y otros productores de televisión vienen observando con igual dosis de horror y fascinación cómo Trump ha tomado la mecánica de los realities que entendió cuando hacía El aprendiz para aplicarla a la práctica diaria de gobierno. Las comparaciones entre la Casa Blanca de Trump y sus años en El aprendiz abundan, pero detrás de los chistes sobre “¡estás despedido!” se esconde un serio caso de estudio sobre los hábitos masivos de la audiencia y sobre un presidente que ha compensado su falta de experiencia de gobierno con un asombroso manejo del “gancho” televisivo.

Fleiss suele bromear con que al final de cada episodio de The Bachelor el presentador tendría que decir, exultante y enarbolando una copa de champagne, que ese había sido “el desenlace más impactante de la historia”. Y ahí estaba Trump el martes, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, arrancando las risas ahogadas de un salón repleto de diplomáticos cuando dijo que en menos de dos años su gobierno tuvo “más logros que cualquier otro gobierno” de la historia.

Trump cierra cada episodio con un gancho de suspenso. Ahora que los programas “para todo público” casi han desaparecido y que proliferan los nichos televisivos, Trump es el creador de una drama sin guion que ha logrado unificar los livings de todos los hogares norteamericanos. Tanto a quienes apoyan al antihéroe como a quienes le desean la muerte, lo más probable es que Trump TV los tenga bajo un estado constante -y algunos dirían insalubre- de hipnosis.

Y ahora que más de la mitad del país está lista para revolear el control remoto y que las elecciones de mitad de mandato ofrecen la primera oportunidad real de reescribir el guion, la pregunta persiste: ¿por qué no podemos dejar de mirar?

Incluso en esta edad dorada de la televisión, Trump no solo monopoliza las conversaciones ocasionales de oficina, sino que hace palidecer cualquier otro evento, desde los partidos de fútbol americano hasta la entrega de los Oscar. Nosotros tenemos gente muy creativa, pero esto es directamente la cumbre de la televisión”, dice Warren Littlefield, director de NBC Entertainment en la época de Friends y The West Wing.

 

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