Entre la escasez y la hiperinflación, la hambruna golpea las puertas de Venezuela

Cada miércoles, Joselyn Morales y sus hijos se unen a cientos de otros venezolanos para hacer cola en la iglesia de la Parroquia Padre Claret, en el centro de Maracaibo, con la esperanza de recibir los almuerzos que entregan voluntarios de la Fundación la Casa de la Misericordia.

“Comemos lo que nos da la gente. Mi esposo trabaja de vigilante, pero la paga es muy poca y no es suficiente para comprar comida. Hemos pasado hasta dos días sin comer”, dijo la madre acompañada por sus tres pequeños –de ocho, cuatro y un año– mientras observaban en silencio como la cola avanza poco a poco.

Según expertos, la economía venezolana se ha contraído en más de un 50 por ciento desde que Maduro asumió el poder hace seis años, en un proceso que ha destruido el poder adquisitivo de los venezolanos y empujado la nación petrolera en las garras de la hiperinflación.

Y el país podría tener aún días más difíciles por delante. La tasa de inflación, que cerró este año en cerca de un millón por ciento, podría multiplicarse a 10 millones para el cierre del 2019, de acuerdo a estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Atrapado en un laberinto de fórmulas socialistas, el régimen de Nicolás Maduro persiste en implementar medidas que fomentan, en vez de desestimular, el proceso inflacionario del país. El 30 de noviembre anunció el aumento de salario mínimo en un 150 por ciento, el sexto aumento en lo que va de año.

“Este factor de corrección llega como un regalo de Navidad. Es para mejorar la vida del pueblo”, dijo Maduro desde el palacio presidencial.

Pero no todas las familias venezolanas disfrutaron de ese aumento. Muy pocos se pudieron permitir una nochebuena con los típicos platos navideños si apenas pueden permitirse un plato de comida al día.

Para comprar un pan de jamón, unos de los varios platos tradicionales navideños del país, se necesitaban gastar 4,892 bolívares soberanos, que excedían los 4,500 bolívares soberanos del salario mínimo mensual.

El de Morales es solo un rostro más en las condiciones de hambruna por las que atraviesa el pueblo de Venezuela, donde más de un tercio de la población dice comer una sola vez al día.

El colapso de la economía provocada por dos décadas de políticas socialistas del chavismo han convertido la otrora rica nación petrolera en uno de los países más pobres de la región, condenando a sus habitantes a vivir bajo condiciones de miseria que rivalizan con la de países africanos.

( El Nuevo Herald )

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