Ofrenda a mi Madre

Por Dinorah Rivas

No intento escribirte un poema perfecto, porque para mí eres más que un raudal de palabras con estructura métrica. Prefiero manejar el hilo de mis emociones con la honestidad que brota como una carretilla de imágenes inquietas, que acompasan uno a uno los recuerdos que nos han acompañado hasta aquí, para rememorarlos a través de la niña que guardó sus juguetes preferidos en un viejo armario y los revive y acaricia con nostalgia; así como aquel que quedó olvidado en una gaveta de la abuela o debajo de su cama, en aunado desperezo de espontánea ternura en el corazón de la mujer que hoy los atesora con amor.

Así surgen las primeras palabras que reflejan el genuino sentir de mis entrañas: gracias a la más bella mamá. Gracias por la canción de cuna que se amamanta en el más dulce de mis recuerdos; a tus brazos amorosos por todos los desvelos y paciencia en ordenar mis alas antes de emprender mi vuelo, sosteniéndome en las caídas –más fuerte y más veloz que el mismo viento–, por tus regaños sin golpes ni gritos –nunca a destiempo–, por limpiar con tu fino pañuelo los mocos de mi nariz con delicadeza, por desenredar mi pelo con dulzura, por besar mis rodillas raspadas y aliviar el dolor con “colita de rana”, por dejarme ser niña, por el disfrute de comer la raspa dulce de la cazuela, por dejarme soñar y andar el camino en tierra firme y la sonrisa fresca, por tu alegría y tu hermosura, por tus ojos color de cielo, por las noches, sus lunas y las miles de estrellas que contamos juntas una a una, por el sol de tu amor en las mañanas frías, por las nubes preñadas de lluvia –tripulantes de un barquito de papel en la corriente que nos bañó en aquel lejano patio que nos añora todavía–; gracias, mamá, por la flor y el rocío, por la abeja que libó la miel y espiamos cómplices detrás de las enredaderas de flores, o aquella mariposa de sensorial belleza que voló de la oruga a tus manos y esparció temblorosa sus alas rozándome cual beso en la mejilla, ¿recuerdas, mami?

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Retrato de mi madre a sus 17 años de edad

Hoy, como acostumbro, le doy gracias a Dios por el milagro de tu presencia en mi vida, porque todo lo bello del mundo que conozco se resume en tu ser, porque con defectos y virtudes, soy hecha a tu semejanza: Madre!

 

 

Foto:Web, Noticias de Costarica.net

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