Miedo, manipulación y odio: la prensa cubana en la era de los “busticidios”

El último show humorístico de la televisión cubana ha sido protagonizado, como casi siempre, por el Noticiero Nacional. El “informativo”, con esa inefable capacidad de invención que le caracteriza, infló anoche su último globo de Cantoya, relacionando el tema de los Clandestinos con la detención de un par de sujetos y la artista performer residente en Miami, Ana Olema.

La fórmula usada es simple. Ana vive en Estados Unidos. Panter Rodríguez Baró y Yoel Prieto Tamayo – los detenidos-, en Cuba. El resultado arroja, desde el simplismo manipulativo del régimen, que Ana Olema le pagó a Rodríguez y Tamayo para que mancharan de rojo varios bustos del apóstol José Martí, aprovechando las distracciones de las festividades de fin de año.

Pero esta historia cojea de todas sus patas. En primer lugar, los presuntos responsables del “busticidio” fueron detenidos el 8 de enero de este año. Desde entonces hasta la fecha, Clandestinos ha realizado decena de actos similares en La Habana, Santa Clara, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Camagüey. Todas estas acciones han sido documentadas a través de las redes sociales.

Pero, si los únicos integrantes del grupo Clandestinos ya están en cana, ¿quiénes siguieron manchando los bustos de Martí y las execrables fotos de Fidel Castro, con posterioridad a la detención de Panter Rodríguez Baró y Yoel Prieto Tamayo?

Algo no huele bien en esta historia. Ana Olema niega tajantemente las acusaciones del régimen. “A estas alturas es imposible dar crédito a un reportaje hecho por una prensa al servicio de una dictadura, con unos entrevistados que no están siendo entrevistados, sino que, después de días y días bajo interrogatorio en las mazmorras de la Seguridad del Estado, se les obliga, sabe Dios bajo qué amenazas, a decir cualquier cosa”, declaró en Facebook.

Las palabras de Ana son tristemente ciertas. Como ex empleado del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), digo, una vez más, que a los medios de comunicación del régimen no se les puede creer ni lo que rezan.  Durante los años 90, en pleno “período especial” vi cómo se fabricaban en el ICRT las disparatadas mentiras del régimen, que luego mis colegas y yo deberíamos leer frente al lente de la cámara o en las distintas estaciones de radio de la isla.

La lista de globos que vi inflar y lanzar desde las antenas de 23 y M, en La Habana, es larga y seguramente algún día me referiré a ello, porque vi de todo: desde la modificación exponencial del número de votantes reales en unas elecciones del Poder Popular a las que nadie asistía, hasta la edición, casi cáustica, de los videos del juicio del general Ochoa.

Llegado a este punto, me cuestiono la espontaneidad con la que los supuestos miembros de Clandestinos, detenidos por el régimen cubano, asumen sus responsabilidades e implican a otros, desde la oportuna comodidad de la distancia. A estas alturas esos hombres ya deben ser autómatas parlantes. Dirán, por miedo a la muerte, como lo hizo Ochoa, lo que les obliguen a decir.

Entonces… ¿quiénes son los Clandestinos?

No se sabe. Como pasó en los años 90, la gente, de mutuo propio está saliendo a las calles a protestar, en silencio, cuando nadie las ve. En toda Cuba aparecen paredes, bellamente engalanadas, con frases contra el régimen.

Y es que cagarse en la madre de Fidel Castro o en la de Díaz Canel sabe mejor desde el anonimato, en la oscuridad de un apagón. Créame que nada produce más placer que hacerlo así. Si usted vive en Cuba, súmese a Clandestinos, por su cuenta, sin que se enteren su mejor amigo, su esposa o sus hijos. Hágalo solo, pero hágalo ya. Miles de paredes mugrosas, a punto de derrumbarse y otras tantas puertas de chivatos de barrio le esperan esta noche.

#ElcambioEsYa

Francisco Alemán de Las Casas

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