Roberto Quiñones desde prisión: polvo de arroz hervido, pan y gusanos

 

 En septiembre de 2019 escuché que la prisión esperaba una visita de control del órgano nacional de prisiones del Ministerio del Interior (MININT), publica CubaNet.

En los días posteriores entonces fui testigo de la prisa de las autoridades del lugar por pintar cubículos y pasillos.

Los reclusos del Destacamento 1-A —donde entonces estaba—, con tal de ganar el permiso a una llamada telefónica o una visita familiar de estímulo, trabajaron duro, usando como brocha pedazos de esponjas porque no había recursos para untar cal en las paredes.

El anuncio de la visita tuvo algunos pocos efectos “positivos” en las condiciones de vida de los reclusos: a los días la odiada y muchas veces nauseabunda “pasta cárnica” que suelen servir a diario, desapareció del menú.

Pudiera afirmarse que con la visita de “control”, efectuada finalmente en enero de este año, pasó lo mismo que con las llamadas “inspecciones” que la propia jefatura de la prisión realiza todos los viernes.

La visita de control, consiste en llevar “controladores” y guiarlos por la prisión como si fuesen párvulos.

Los jefes del órgano provincial de prisiones seleccionan los lugares a mostrar, de modo que con tales visitas termina pasando lo mismo que con las inspecciones de los viernes:  no resuelven nada.

La mañana de los viernes se convierte en un fastidio para los reclusos.

El incordio comienza el jueves en la tarde cuando hay que baldear los cubículos sin recursos para hacerlo.

Las colchas para trapear, los trapeadores, los haraganes, las escobas, el detergente y todos los productos desinfectantes escasean, entonces tienen que aportarlos los propios reclusos.

Es de suponer que el MININT cuente con un presupuesto que garantice tales recursos pero al parecer no existen o nadie sabe en qué lo emplean.

Ocurre algo similar con la pintura.

El recluso que desee recibir una visita extra u obtener cualquier otro beneficio, encargará a sus familiares cosas como esas u otras. Pero se trata casi siempre de sancionados que contemporizan con la jefatura.

En la inspección de los viernes, primero pasa la “reeducadora” del destacamento.

Pregunta a los reclusos si tienen algún problema, pero su preocupación es mera formalidad porque la solución depende de la jefatura, que pasará horas después solo para prometer cosas que no cumplirá y justificar las desatenciones.

El viernes 31 de enero, por ejemplo, le planteé al Capitán Ofraine Freinier Lescaille,  jefe de la prisión, que la comida y el desayuno —polvo de arroz hervido— era de pésima calidad y hasta le mostré tres gusanos que encontré en los alimentos.

Aunque comenzó admitiendo que había problemas con la comida, terminó justificándose con que las dificultades se debían “al intento del presidente Donald Trump de matar por hambre al pueblo cubano”.

Pero, ¿qué tiene que ver el embargo con los alimentos que todos saben se pudren en el almacén de la cárcel?

¿Qué tiene que ver el embargo con la entrega de productos vencidos como la pasta dental o con los gusanos y gorgojos que a diario encontramos dentro de la comida que nos sirven?

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Imagino que a los otros jefes superiores esas visitas también resulten en extremo fastidiosas, sobre todo cuando algún recluso les dice la verdad de frente.

Supongo que eso deba desagradar a quienes están acostumbrados a reprimir el menor síntoma de rebeldía.

Justificaciones también es lo único que reciben los reclusos cuando reiteradas veces les niegan el acceso al trabajo o al régimen de mínima severidad, o cuando se quejan por la falta de medicamentos y atención médica.

Por ejemplo, el viernes 24 de enero un recluso se quejó de sufrir acidez estomacal, sin embargo, pasó una semana sin recibir las atenciones de un médico.

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Prisión en Cuba. Roberto Quiñones (Collage/CubaNet)

Cuando finalmente logró ser examinado, el especialista no pudo hacer nada porque no había Cimetidina para neutralizar la dolencia.

Ante tales carencias, los reclusos se ven obligados a pedir los medicamentos a sus familiares pero entrarlos a la prisión supone vencer numerosos obstáculos.

Son tantos los problemas por atender que quizás por eso las visitas de los fiscales del departamento de Control de la Legalidad en Establecimientos Penitenciarios (CLEP) nunca se hacen en el interior de la prisión.

Desconocen cómo vivimos.

Hace más de un mes comuniqué al Jefe de la Prisión que quería ver al fiscal de ese departamento y me respondió que no podía llamar a ningún fiscal por mi caso particular, además que los fiscales solo visitaban la prisión una semana en el mes.

Su respuesta constituye una violación de los puntos 56.1 y 57.1 de las “reglas Nelson Mandela”, sobre todo de esta última que establece que “toda petición o queja se examinará cuanto antes y recibirá una pronta respuesta”.

Mi esposa fue a la Fiscalía Provincial de Guantánamo hace más de quince días, presentó mi petición y prometieron que vendrían a verme, pero aún no lo han hecho.

En la misiva denuncio el proceder de las autoridades de la prisión donde me encuentro y la complicidad de la Fiscalía Provincial de Guantánamo y de la Fiscalía General de la República de Cuba, quienes jamás han respondido ninguna de mis quejas ante reiteradas violaciones de mis derechos ciudadanos por parte de la Seguridad del Estado.

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