Honor a Payá, a Cepero y a todos los mártires por la Democracia en Latinoamérica

Discurso pronunciado por Francisco Alemán de las Casas en el Memorial a las Víctimas del Comunismo en Washington DC, durante el Homenaje Mundial a Payá, a Cepero y a todos los mártires por la Democracia en Latinoamérica convocado por Cuba Decide:

La especie humana atraviesa por uno de los momentos más críticos de su supervivencia. En tiempos en los que no sabemos si cubrirnos el rostro o dar un abrazo pueden ser acciones letales y, basados en el cortísimo tiempo al que nos hemos acostumbrado a reaccionar, desde lo inmediato, lo perentorio o lo último que leímos en las redes sociales, corremos el riesgo de sepultar décadas de historia.

Nuestra mente, que antes se entrenaba para la sujeción de los recuerdos a largo plazo, hoy se entrena para copiar, pegar y reproducir fragmentos de historias, hechos con medias verdades o con mentiras completas.

Pero la historia no muere de un día para otro, como por un infarto. La historia suele padecer largos episodios de agonía, episodios que suelen ser diseñados por mentes oscuras, que buscan cambiar el significante de los hechos.

Hoy estamos aquí porque nos negamos a ser parte de la masa penitente que deja que le modifiquen, cuadro a cuadro, la dolorosa cronología de hechos, referente a las víctimas del comunismo.

Hoy resumimos, en los nombres de Oswaldo Payá y Harold Cepero, a todos los mártires por la democracia de Latinoamérica. Lo hacemos con dolor, con rabia, con la ansiedad de no ver pasar el tiempo lo suficientemente rápido, para que por fin se haga justicia… por ellos y por todos los que han dado su vida en la lucha por un mundo libre.

Pero también lo hacemos con esperanza, confiados en que el tiempo de Dios es siempre perfecto.

En época de confinamiento, cuando hay más espacio para enfrentarnos al hecho de que, lenta y maliciosamente, el ejército marxista invade américa, de norte a sur, con el único propósito de devastar nuestra historia y construir sobre sus pedazos la roñosa estructura del comunismo, nos preguntamos si estamos haciendo lo suficiente para que, a nuestros mártires por la democracia, no los expulsen de la conciencia colectiva, ni de los espacios comunes.

Desde mi perspectiva de hombre de medios de comunicación, dedicado sobre todo a la internet, opino, con mucho respeto, que el marxismo, en estrategia de lucha, va varios pasos por delante de nosotros, incluso en los Estados Unidos, y que, más allá de la multiplicidad de factores que han propiciado tal disparate, hay uno (un factor) que gravita sobre muchos de nosotros, los opositores: aún no somos capaces de dialogar, de trabajar en equipo, más allá de las diferencias.

¿Difícil? Claro que lo es. Nadie ha dicho que conseguir libertad y honra sean tareas sencillas.

Les pongo un ejemplo:

En el 2003, Oswaldo Payá y otros activistas democráticos comenzaron un proceso de análisis de trabajo, llamado el Diálogo Nacional en el que participaron más de 12,000 cubanos de dentro y fuera de Cuba en más de 3.000 grupos de discusión, 27 utilizando un “documento de trabajo” como punto de partida para su discusión. Sus comentarios y sugerencias fueron compilados e integrados sistemáticamente al documento del Programa Todos cubanos, que Payá presentó al público en 2006 para guiar una transición pacífica y democrática en nuestra patria.

La mayoría de nosotros coincide en que las condiciones actuales para el ejercicio de la democracia no son las mismas que en 2003 y eso puede ser cierto, en lo general, casi en lo abstracto.

En lo concreto, en lo medular, el panorama es el mismo. El régimen cubano continúa reprimiendo y castigando el disenso y la crítica, a todo nivel, pero castiga con especial saña a la crítica que se ejerce en las redes sociales o en los medios de comunicación independientes.

La aplicación del infame decreto ley 370 contras nuestros opositores en la isla o contra cualquiera que haga uso de su derecho a la crítica, es el más claro ejemplo de ello.

En 2019, la cantidad de detenciones arbitrarias a defensores de derechos humanos, a periodistas independientes a los habitantes de Cuba que se rebelaron pacíficamente contra el régimen, sobrepasó las 1.800.

El uso de internet y las nuevas tecnologías permite que le régimen de la isla llega a más personas, es cierto, pero también nos deja el camino abierto, a nosotros, para entrar a Cuba y explicarle a la gente que no somos el enemigo, que personas como Oswaldo y Harol son los mártires a los que el neomarxismo – sin éxito – quiere despojar de su grandeza, empleando para ello la brutalidad en todos sus matices y la muerte, de nuevo, cuando lo entienden necesario, como último recurso para el silenciamiento.

El castrismo ha conseguido exportar idénticas técnicas represivas a países como Nicaragua o Venezuela y ya tiene sus propios agentes de opinión y subversión en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Perú y Bolivia. En Sudamérica, los agentes cubanos llevan más de 20 años socavando las democracias.

Este es un secreto a voces. Creíamos que el castrismo no traspasaría nunca nuestra zona de confort, aquí, en los Estados Unidos de América, pero nos equivocamos. El enemigo ya está dentro.

Hablo del mismo enemigo que ha dado muerte o desaparición a más de 7 MIL 400 cubanos durante las frecuentes purgas revolucionarias.

Hablo del enemigo, por cuya causa nuestros médicos trabajan en condiciones de esclavitud, dentro y fuera de Cuba.

Hablo del enemigo que nos expulsó de nuestra patria, que secuestró a nuestros hijos, a nuestros padres, que los confinó a un redil de precariedades y violencia de estado del que no saldrán, a menos que todos los cubanos que buscamos una patria libre, seamos capaces de trazar estrategias conjuntas contra la fuerza del mal, que, si bien agoniza, necesita de la última estocada que le cierre para siempre los ojos.

Las manos que den honra a esta causa harán que por fin nuestros muertos descansen en paz y que américa se re edifique, libre, desde la justicia y el amor.

De nosotros depende.

Gracias.

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