Celia Cruz, el Smithsonian y el genocidio cultural en Cuba

Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso, más conocida como Celia Cruz, murió hace 17 años, el 16 de julio de 2003. Tenía 77 años, y millones de personas lloraron su muerte. La ola de pena se sintió especialmente en Miami, Florida, y en Hoboken, Nueva Jersey, dos ciudades con grandes comunidades de exiliados cubanos.

El duelo por Celia fue casi universal menos en su patria, Cuba, donde los medios oficiales publicaron una noticia de su fallecimiento que la reconocía como una “importante artista cubana que popularizó la música de nuestro país en Estados Unidos”, y añadía que “en las últimas cuatro décadas participó sistemáticamente en campañas generadas en Estados Unidos contra la revolución cubana”.

Lamentablemente, los motivos de la hostilidad del régimen de Castro hacia Celia Cruz –su negativa a inclinarse ante Fidel Castro, su legado en defensa de la libertad de expresión, y el alto precio que pagó por ello—no aparecen en el vídeo publicado por el Smithsonian Institution el pasado 5 de marzo, titulado “¿Por qué se llama a Celia Cruz la Reina de la Salsa?  #PorSuHistoria”.

El vídeo del Smithsonian muestra a Ariana A. Curtis, conservadora del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericanas de dicha institución, siendo entrevistada por una estudiante que se identifica como Mindy.  La señora Curtis omite partes claves de la historia de Celia, y confunde las experiencias de Celia Cruz como inmigrante en los Estados Unidos, con su condición de exiliada cubana, a quien la dictadura castrista negaba el derecho de regresar a su patria y cuya música estaba prohibida en Cuba, y lo sigue estando hasta hoy. Esta es la parte de la entrevista que describe su salida de Cuba:

– “Ariana A. Curtis: Porque, sobre todo al principio de los años ’60, cuando ella salió, eso fue poco después de la revolución cubana, tú sabes. Así que se hablaba mucho de Cuba en las noticias, de la política, y del socialismo, y de cosas militares. Pero en realidad ella quería mostrar ese “otro lado” de Cuba, ¿ves tú?  El lado de las artes y la cultura.  Así que, decididamente, ella utilizó su estilo, cosas así, como vestidos de satén de seda con los vuelos, y estas colas largas”.

-“Mincy: La gente emigra aquí y tiende a cambiarse el nombre y a cambiar quiénes son, para poder conseguir trabajo o para buscarse oportunidades. Así que ocultan ese lado de su persona para, como quien dice, crecer en este país.  Es tan importante tener un ejemplo de que Celia Cruz no se ocultó”.

Celia recogió tierra cubana en una visita que hizo a la Base Naval de Guantánamo.

Esto excluye gran parte de la historia de Celia, y hace algo que la Reina de la Salsa no hizo jamás, que fue ocultar su verdadera identidad.  Y el proceso no comenzó con esta entrevista, sino que se remonta varios años atrás.

Fidel Castro había intentado crear una situación que obligara a la cantante de música típica cubana a rendirle pleitesía. ‘Salserísimo Perú’, un portal de internet creado en Perú por tres periodistas para compartir información sobre la salsa y la música tropical, ofrece un relato más completo y exacto que el Smithsonian. A continuación presentamos la descripción del primer “encuentro” de Celia Cruz con Fidel Castro.

En los primeros meses de 1959, Celia Cruz fue contratada para cantar con un pianista acompañante en casa del empresario cubano Miguel Ángel Quevedo. Quevedo era dueño de la revista Bohemia, la más importante de Cuba, que había apoyado la revolución en los últimos años antes de llegar al poder. El movimiento guerrillero, con un tal Fidel Castro a la cabeza, había proclamado en Santiago el principio de la revolución.

Para la Guarachera, Fidel estaba poniendo fin a la libertad de expresión y de creación artística en su país. La noche de la presentación en casa de Quevedo, Celia estaba cantando de pie junto al pianista cuando, súbitamente, los invitados salieron corriendo hacia la puerta de la casa. Había llegado Fidel Castro. De pronto, Quevedo se acercó a Celia y le dijo que Fidel quería conocerla, porque en sus años de guerrillero solía escuchar ‘Burundanga’ mientras limpiaba el rifle. Celia respondió que a ella la habían contratado para cantar junto al piano, y que ese era su lugar. Si Fidel la quería conocer, tendría que venir a donde ella estaba. Pero el comandante no lo hizo así”.

Puesto que Celia Cruz se había negado a inclinarse ante el nuevo dictador y deseaba seguir viviendo su vida de artista en libertad, tuvo que huir de Cuba.  Sin embargo, cuando su mamá enfermó en 1962 intentó regresar para verla; pero Castro le cerró la entrada a la isla. Cuando murió su madre, de nuevo se impidió a Celia asistir al entierro. Porque no era partidaria activa del régimen, se prohibió su música en Cuba.

Celia está en buena compañía. Otros importantes artistas cubanos cuya música está prohibida en Cuba son Olga Guillot, Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Israel Cachao López, Ramón ‘Mongo’ Santamaría, Mario Bauzá, Arsenio Rodríguez, Willy Chirino, y Gloria Estefan.

Según el libro: ¡Fusilen al cantante! La censura en la música de hoy, publicado por Marie Korpe en 2004, hay creciente preocupación ante el hecho de que las generaciones cubanas posrevolucionarias estén creciendo sin conocer ni oír a estos músicos censurados, porque ello podría resultar, para esas y futuras generaciones, en la disminución de su identidad cubana.

Esto se ha descrito como un genocidio cultural que priva a los cubanos de su legítima herencia.

La voz de Celia Cruz y su legado artístico son parte importante del Patrimonio Cultural de todos los cubanos.

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El autor: John SuarezDirector Ejecutivo Center for a Free Cuba

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