Quiero una Cuba libre, es el mensaje de guerrero de la UFC después de una gran victoria en Las Vegas

 

En medio del cansancio y el sudor, Ricardo Lamas no podía irse sin uno de los mensajes más cercanos a su corazón: el de la libertad de Cuba, publica El Nuevo Herald.

El guerrero subió al octágono con las banderas de México y Estados Unidos, pero terminó con palabras que giran en torno al país de su padre.

Poco después de vencer a Bill Algeo –ganó el premio de Pelea de la Noche- con una tremenda demostración de habilidades y experiencia, a Lamas se le concedieron unos minutos para comentar sobre su actuación en el evento de la UFC celebrado el sábado en Las Vegas.

Lamas, cuyo padre enfrentó primero al régimen de Fulgencio Batista y luego al de Fidel Castro en su juventud, no perdió la oportunidad para hacer referencia a un tema que considera importante y que siempre escuchó desde su infancia en su hogar de Illinois.

“Quiero enviar un mensaje en nombre de mi padre, que es un exiliado político y mi tío que fue prisionero político bajo el régimen, y amigos de mi padre y miles de cubano fusilados por el régimen. Como cubanos debemos unirnos y demandar libertad para el pueblo cubano y luego debemos destrozar la dictadura cubana, porque estamos todos juntos en esto’’.

Nacido en un hogar de madre mexicana y padre cubano, Lamas recibió mucho de su espíritu de lucha de parte de José, quien participó en huelgas contra Batista en La Habana, pero luego se dio cuenta de que Fidel Castro estaba traicionando los ideales de democracia por los cuales él y muchos de sus amigos de generación habían peleado.

Bajo el nombre de Bonifacio, José Lamas se unió a una red clandestina para socavar la nueva dictadura y llegó a ser el director del elemento estudiantil del movimiento, pero para 1962 se percató que la represión recrudecía y que su vida estaba en peligro.

Su grupo de resistencia había sido infiltrado por la seguridad de estado de Castro y 21 días después de su partida a los Estados Unidos mediante la Embajada de Brasil en La Habana, el segundo al mando fue capturado y fusilado, un destino que le hubiera aguardado sin duda alguna.

Gracias a una amistad, José Lamas encontró refugio en la Embajada de Brasil y pudo salir a Chicago, donde comenzó una nueva vida y formó una familia con su esposa y sus seis hijos, uno de ellos Ricardo, quien es hoy uno de los gladiadores más veteranos y respetados de la UFC.

Pero José se encargó de que sus hijos supieran su historia, el sufrimiento de miles de hombres y mujeres que no corrieron su suerte y quedaron atrapados en el sistema comunista e, incluso, perdieron su vida en los pelotones de fusilamiento o en las cárceles.

Written by 

Related posts

A %d blogueros les gusta esto: