La crisis y el hambre ruralizan las ciudades de Venezuela

La enfermera Milagros Armas camina casi una hora desde el centro de Guatire (este) hasta un fértil terreno que cultiva a las afueras de esta ciudad, cercana a Caracas, y donde la crisis y el hambre que atraviesan Venezuela hace más de un lustro están consiguiendo un efecto que pocos esperaban: la ruralización, publica EFE.

En su parcela de poco más de una hectárea, la mujer cultiva desde hace 5 años plátanos, bananas, sandías, calabazas, aguacates y maíz, productos que, si no fuera por este esfuerzo que surgió en medio de la escasez, no estarían en su mesa.

“No exactamente no como (si no siembro), pero sí tengo la oportunidad de comer un poquito más, de compartir un poquito más, por ejemplo con mi familia, uno comparte porque como son tantas manitos (personas)…”, dice a Efe la mujer durante una pausa de su jornada del domingo.

Con metro y medio de altura y cerca de 50 kilos de peso, cuesta imaginar a esta menuda y aparentemente frágil mujer de 52 años trabajar la tierra.

Mucho más cuando su esfuerzo se materializa en el barrio de Valle Arriba, que a finales de la década de 1990 atrajo a parte de la clase media caraqueña que se había hastiado del bullicio de la capital venezolana.

Pero a Armas, al igual que los miles de venezolanos que optan por la agricultura urbana, no le quedó otra opción: su salario como enfermera alcanza, en el mejor de los casos, los 10 dólares por mes, mientras que la canasta alimentaria se ubicó en julio en casi 270 dólares, de acuerdo con los cálculos del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas).

 

 

 

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