Misiones médicas cubanas violan los convenios internacionales de la OIT

Un artículo de Iván Hernández Carrillo publicado por radiotelevisionmarti

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Desde el año 1963, las misiones médicas en el exterior han sido promovidas por el régimen como un símbolo del llamado internacionalismo proletario, todo bajo la supuesta fachada de la solidaridad y el altruismo. El fallecido dictador Fidel Castro las describía como el ejército de hombres y mujeres de batas blancas.

Independientemente de representar para la tiranía una obra de muchísimo orgullo, también son una fuente segura para recaudar las divisas que ayudan a mantener en el poder a la dictadura más longeva de este hemisferio. Cada año se obtienen jugosas sumas de dinero por los servicios prestados.

La supuesta vocación solidaria y humanista de estos médicos forma parte de las motivaciones que ellos exteriorizan para incorporarse a estas brigadas en busca de nuevos horizontes, pero un objetivo primordial es el mejoramiento de las condiciones de vida. Se trata de un desempeño que los ayuda a aliviar la situación de miseria en que viven dentro de la Isla.

En el extranjero pueden adquirir mercancías e insumos que luego importan a la isla para mejorar, por ejemplo, la infraestructura de sus viviendas, por solo mencionar uno de los ingentes problemas a resolver.

Hace treinta años, el salario de un médico era el más alto en todo el país. En estos momentos es muy difícil encontrar alguno que reciba más del equivalente a 2 mil pesos cubanos (CUP), unos 80 dólares mensuales, lo que no representa mucho en medio de la escasez y el hambre que se vive en un país donde un litro de aceite vegetal cuesta 2 pesos convertibles (CUC), equivalentes a 50 pesos nacionales (CUP) y hasta 200 (CUP) en el mercado negro o informal.

La negativa a incorporarse a estas misiones es considerada por el régimen como un ultraje. Los que se atreven a desafiarlos, mediante el rechazo a formar parte de tales misiones, son considerados enemigos e inmediatamente tachados como personas no confiables, lo cual significa un permanente hostigamiento que puede concluir con la pérdida del trabajo.

Las posibilidades de enfrentar las referidas consecuencias son determinantes para que los médicos se incorporen a estas brigadas y salgan a cualquier parte del mundo a brindar sus servicios, a riesgo de exponer sus vidas, a las lesiones y la muerte debido a los asaltos y secuestros, como lamentablemente ha ocurrido. Todos son enviados a ejercer su labor en sitios poco seguros, donde existe un alto índice de criminalidad.

Con más de 30.000 profesionales de la salud, actualmente diseminados en unos 60 países, la mayoría en África, América Latina y el Caribe, el régimen toma cada vez medidas más drásticas para evitar que abandonen la misión. Una vez que llegan a estas naciones se les retira el pasaporte y son vigilados por sus propios compañeros, listos a comunicar cualquier sospecha a los superiores. A pesar de las medidas muchos logran escapar a países vecinos. La deserción se castiga con el impedimento de entrar a Cuba por un período de 8 años.

Es constante la violación de la privacidad. La comunicación con familiares que residen en otros países es vigilada al detalle, al igual que las relaciones con los nativos.

Todos los profesionales de la salud que trabajan en el exterior están expuestos a condiciones de trabajo esclavo, salarios miserables, extenuantes jornadas laborales, etc. Sin dejar de mencionar los casos de acoso sexual contra las mujeres.

Es oportuno recordar que el Convenio No. 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la eliminación de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo no ha sido ratificado por el régimen cubano. Esta resolución reconoce el derecho de toda persona a un mundo de trabajo libre de violencia y acoso, incluidos los que se cometen por motivos de género. Reconoce que esos actos pueden constituir una violación a los derechos humanos, además de ser una amenaza para la igualdad de oportunidades e incompatibles con el mundo del trabajo decente.

El Convenio reconoce que la violencia y el acoso por motivos de género afectan de manera excesiva a las mujeres y que para poner fin a tales manifestaciones es importante adoptar medidas inclusivas que tengan en cuenta las cuestiones de género, aborden las causas subyacentes y los factores de riesgo, incluidos los estereotipos, las formas de discriminación múltiples e interrelacionadas y las relaciones de poder desiguales.

Los Convenios de la OIT son bien claros en su letra y espíritu. En lo básico, el trabajo forzoso se asocia con frecuencia a la esclavitud. Y así es.

El concepto expresa una práctica propia del pasado pero que aún no se ha erradicado y cuenta con mecanismos más indirectos y oscuros.

Las causas principales son la pobreza, la discriminación, la desigualdad y, por lo general, el trabajo forzoso obedece al afán de lucro a expensas de trabajadores vulnerables y desamparados. La legislación inadecuada y el escaso cumplimiento de la ley hacen que los infractores actúen con impunidad. En tal situación, las ganancias potenciales para los organizadores inescrupulosos que practican el trabajo forzoso pesan más que los presuntos riesgos.

En la actualidad llega incluso a crecer el número de víctimas en el contexto de la globalización. El trabajo forzoso contemporáneo, en esencia, está asociado al Convenio n.º 29 que define el «trabajo forzoso u obligatorio» como «todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente. Más adelante explica que cualquier trabajo o servicio que se exija a un individuo en virtud de una condena pronunciada por sentencia judicial, a condición de que estos se realicen, bajo la vigilancia y control de las autoridades públicas, constituye un trabajo forzoso. Si bien, la participación en las misiones es aparentemente voluntaria, muchos médicos se exponen a represalias por parte de las autoridades si rehúsan enrolarse cuando son convocados.

En varios de los países que se favorecen de estas misiones, a los médicos no se les hacen contratos de trabajo y en caso de que los tuvieran nunca recibirían una copia del mismo. Así es que el régimen obtiene grandes sumas de dinero de los anfitriones y entrega a los galenos una parte ínfima de dichos fondos.

En este aspecto el régimen y el país que contrata el trabajo de los profesionales violan abiertamente el Convenio n.º 98 de la OIT que protege el derecho de sindicación y de negociación colectiva.

La negociación colectiva es aquella que se realiza entre los trabajadores de una empresa, normalmente (aunque no siempre) reunidos a través de un sindicato o grupo de sindicatos y la empresa o representantes de empresas del sector. La finalidad del procedimiento es llegar a un acuerdo en cuanto a las condiciones laborales aplicables a la generalidad de los trabajadores del ámbito en el que se circunscribe la negociación (contrato o convenio colectivo de trabajo). También, en caso que no exista un sindicato, puede ser celebrado por representantes de los trabajadores interesados, debidamente elegidos y autorizados por estos últimos, de acuerdo con la legislación nacional, pero nada de esto se cumple.

Es muy lamentable conocer sobre la retención de un porcentaje que oscila entre el 75% y 90% de los pagos que reciben los galenos y del congelamiento en un banco de la isla de lo que finalmente obtienen. El acceso a esa cuenta solo está garantizado al regreso. No regresar significa la pérdida total de esos ingresos.

En este sentido el Convenio n.º 131 sobre la fijación de salarios mínimo explica en su artículo 2 que los salarios mínimos tendrán fuerza de ley, no podrán reducirse y la persona o personas que no lo apliquen estarán sujetas a sanciones apropiadas de carácter penal o de otra naturaleza.

Las condiciones narradas pueden calificarse de trabajo forzoso, de acuerdo con los indicadores estipulados por la Organización Internacional del Trabajo.

El régimen cubano ha ratificado los ochos Convenios Internacionales considerados por la OIT como fundamentales y que se definen de la siguiente manera:

  1. Convenio n.º 87 sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948.
  2. Convenio n.º 9 sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, 1951.
  3. Convenio n.º 29 sobre el trabajo forzoso, 1930.
  4. Convenio n.º 105 sobre la abolición del trabajo forzoso, 1957.
  5. Convenio n.º 138 sobre la edad mínima, 1973.
  6. Convenio n.º 18 sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, 1999.
  7. Convenio n.º 100 sobre igualdad de remuneración, 1951.
  8. Convenio n.º 111 sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958.

La explotación laboral a la cual son sometidos los integrantes de las misiones médicas va en contra de los referidos tratados.

A pesar de que Cuba firmó y ratificó cada uno de ellos, son en la práctica flagrantemente violados en perjuicio de los trabajadores.

Entretanto, el Convenio n.º 105 estipula que todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a suprimir y a no hacer uso de ninguna forma de trabajo forzoso u obligatorio:

  • (a) Como medio de coerción o de educación políticas o como castigo por tener o expresar determinadas opiniones políticas o por manifestar oposición ideológica al orden político, social o económico establecido.
  • (b) Como método de movilización y utilización de la mano de obra con fines de fomento económico.

Países como Brasil, Ecuador y Bolivia han expulsado a las brigadas médicas por considerar que realizaban funciones de trabajo ideológico.

Luego de la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, la presidenta interina, Jeanine Añez Chávez, pidió a los profesionales de la salud cubanos que salieran del país tras probarse que participaban en actividades de desestabilización social.

En Venezuela, médicos que han abandonado las misiones han declarado que los representantes de estas les dan instrucciones para realizar pesquisas y consultas dentro de la población y al mismo tiempo hacer trabajo político- ideológico de compromiso con el régimen de Nicolás Maduro, en busca de apoyo para esa decadente dictadura.

En Brasil, el presidente Jair Bolsonaro terminó con el Programa Mais Médicos, iniciado en el año 2013 por la presidenta Dilma Rousseff, por considerarlo como una forma de esclavitud moderna.

Cuando se niegan los derechos a la libre sindicación y la negociación colectiva, los trabajadores son incapaces de ejercer su voz colectiva, defender sus intereses o influir positivamente en sus condiciones de trabajo, lo que a su vez los hace mucho más vulnerables a otras violaciones de sus derechos fundamentales.

Para los sindicalistas independientes queda claro que el régimen cubano viola los más elementales Convenios Internacionales de la OIT en detrimento de los trabajadores.

Es una vergüenza que el pueblo continúe enfrentando insostenibles niveles de pobreza, el sistema de salud pública esté prácticamente colapsado por falta de insumos y serios problemas de infraestructura, gran parte del equipamiento esté obsoleto y falte personal debidamente calificado. En sentido general, cientos de médicos desean abandonar la profesión y marcharse de Cuba en medio de la desesperanza y la frustración.

Iván Hernández Carrillo es secretario general de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC), sindicalista independiente y activista pro derechos humanos en Cuba. Preso de conciencia en la Primavera Negra del 2003. Premio Democracia de la National Endowment for Democracy (NED). Miembro del Consejo Coordinador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU).

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