LeBron James, diez finales NBA y una promesa por cumplir a Kobe Bryant

Con su demostración de fuerza ante los Denver Nuggets, LeBron James alcanzó la décima final de su legendaria carrera, la novena en la última década, con el objetivo ahora de cumplir su promesa al fallecido Kobe Bryant: continuar su legado ganador en Los Angeles Lakers, publica RFI.

Cerca de cumplir 36 años, ‘King James’ solo ha necesitado de dos temporadas para finiquitar la peor etapa de la historia de los Lakers, que no llegaban a la final desde el último anillo de Bryant en 2010, y regresar al lugar que le pertenece.

Las 10 finales que ha alcanzado en sus 17 temporadas en la NBA igualan a las de Kareem Abdul-Jabbar, otro mito de los Lakers, y son solo superadas por las 11 de Sam Jones y las 12 de Bill Russell.

La gesta de LeBron se magnifica si se le compara con el historial de los equipos de la NBA, ya que solo tres de las 30 franquicias – Lakers (32), Celtics (21) y Golden State Warriors (11) – tienen más presencia en las finales que el alero, que jugó cinco con los Cleveland Cavaliers (2007 y 2015-18) y cuatro con los Miami Heat (2011-14).

Y si bien sus tres anillos (dos con Miami en 2012 y 2013 y uno con Cleveland en 2016) no pueden alcanzar por ahora las cifras de de sus grandes referentes, Michael Jordan (6) y Kobe Bryant (5), James sí puede presumir de haber resucitado a una franquicia histórica en el año más insólito de la NBA y el más desafiante emocionalmente de su carrera.

Tras cerrar su segunda etapa con los Cleveland Cavaliers, James llegó en 2018 a Los Ángeles para devolverle la gloria a un equipo que llevaba seis años sin siquiera pisar los playoffs.

En la primera campaña, mermado por varias lesiones y rodeado de un equipo poco experimentado, no consiguió llegar a la postemporada, lo que trasladó los reflectores hacia herederos como Kawhi Leonard (Los Angeles Clippers), que alzó el título con los Toronto Raptors, o Giannis Antetokounmpo (Milwaukee Bucks), ganador de los dos últimos premios al Jugador Más Valioso (MVP).

Al inicio de su segunda temporada, los Lakers cumplieron el deseo de LeBron de reclutar a Anthony Davis, considerado por muchos como el mejor pívot de la NBA pero sin apenas experiencia en los playoffs, por quien la franquicia angelina entregó sus mejores jóvenes.

En la presentación ante la prensa, hace exactamente un año, James dejó claro que ya tenía “lo que necesitaba” para construir un equipo ganador, en el que estaba dispuesto a cumplir el rol que se requiriera.

Con esta mentalidad, LeBron no tuvo inconveniente en transformar su juego reduciendo su nivel anotador (25,3 puntos de media en la temporada regular, la menor cifra desde su año de novato en 2003) y centrándose en facilitar el juego de sus compañeros hasta el punto de liderar la NBA en asistencias con 10,2 por partido.

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