La criminalización de las iglesias cubanas: Dossier, parte 2

Las iglesias evangélicas tradicionales cubanas se encuentran bajo la mira del sistema castrocomunista que las ha tolerado por décadas, pero que, aunque las mastica, no se las puede tragar.


Presentamos en este segmento algunos de los más reveladores textos publicados a raíz de la entrevista en Russia Today (y la retrasmisión en la televisión cubana) del periodista oficialista Oliver Zamora Oria con la pastora de la iglesia gay cubana, Elaine Saralegui.

La líder religiosa, adscrita al castrismo, lidera una pequeña asociación religiosa sin regularizar su presencia en la isla, curiosamente aupada por la hija del dictador Raúl Castro y sin sufrir ninguna de las consecuencias (interrogatorios, detenciones, derribo de templos) que otras entidades no inscritas en el Registro de Asociaciones.

La entrevista, que atacaba a las iglesias evangélicas más grandes del país, por su lectura literal de La Biblia, tiene como finalidad, según varios expertos, la satanización del pentecostalismo ante la sociedad cubana.

El Estado totalitario utiliza a Saralegui para que vincule a las iglesias evangélicas con planes desestabilizadores y la comunidad de Inteligencia estadounidense.

 

Por las libertades

(…)

“A nuestros templos asisten personas con diversas posturas ideológicas, se les acepta, y en ninguna se toma partido –expresó el comunicado-. Confluyen diferentes razas, ninguna predomina sobre otra. Hombres y mujeres trabajan por igual, sin que exista discriminación”.

La asociación religiosa remarcó la nula igualdad de condiciones ante los medios que sufren los cristianos en Cuba e ironizó con la posibilidad de exponer su visión también en televisión. “Pero sabemos que eso es improbable, porque a quienes tratan estos temas hoy en día no les interesa el periodismo equilibrado, sino la propaganda”.

No es la primera vez que cristianos denuncian esta realidad o se manifiestan por la libertad de expresión en la isla. En 2019 un grupo de intelectuales evangélicos firmó la Carta de los Siete, dirigida a las autoridades cubanas.

La misiva demandaba “la no criminalización del ejercicio periodístico y el activismo social fuera de la égida del Estado, así como las visiones diferentes a las del statu quo sobre el presente y futuro de Cuba”.

Tampoco se trata de la primera ocasión en que Russia Today está en el ojo crítico de la sociedad. Un reportaje del diario El Confidencial calificó a la cadena noticiosa como “la fábrica de noticias de Putin para que odies a Occidente” pues “se dedica a socavar las democracias occidentales y sus instituciones aglutinando a un público antisistema”.

En el caso de la entrevista con Saralegui, Zamora Oria, quien es además un conocido defensor de la dictadura cubana, pretende crear lo que el pastor residente en la ciudad de Las Tunas Maikel Mauris ha calificado en redes sociales como “eklesiofobia” u odio hacia las iglesias y sus miembros.

“Informarse a través de Russia Today es subirse a una adictiva montaña rusa que te lleva de las alturas del mejor periodismo al fango de las teorías de la conspiración en cuestión de minutos”, refería El Confidencial.

Y añadía el artículo: “Russia Today es una obra maestra de la posverdad y, al mismo tiempo, una historia de éxito del poder blando con un enorme recorrido en Internet”.

Aunque empezó exclusivamente en inglés, Russia Today tiene ya canales y plataformas ‘online’ en seis idiomas, en 2009 empezó a emitir en español desde la sede central, en la calle Borovaya de Moscú.


 

Tomado de: ¡Todos somos fundamentalistas! de Octavio Ríos Verdecia

 

El tema ha llegado a molestarme, tal vez porque los que con más bríos nos tildan de fundamentalistas son aquellos que más “méritos” acumulan al respecto. Hablando como los muchachos del barrio: “¡son los que más lo son!”

Me recuerdo hace treinta y cinco años recorriendo las iglesias de La Habana, con mi amigo Luis Guerra, buscando un buen lugar donde congregarnos. La pregunta de orden que hacíamos al entablar diálogo con los líderes de la sede a dónde llegábamos era: “¿Ustedes son fundamentalistas?” Ellos contestaban con un “¡sííííííí! …”, que hacían acompañar con la mirada propia de un león al que le preguntan si sabe rugir.

Luego, entre 1989 y 1993, estudié, como pude, los cuatro años de los Estudios Dirigidos de Superación Bíblica de las Asambleas de Dios de Cuba (EDISUB), y en el folleto de «Historia de la Iglesia» se dedicaba un espacio notable a tratar, con epítetos loables, el surgimiento del fundamentalismo cristiano, que se enfrentó, como movimiento, al creciente liberalismo de finales del siglo XIX; de modo que me encontré leyendo “maravillas” del fundamentalismo. Veinte años después vino a ser, súbitamente, una “mala palabra”, aun entre cristianos. Ya el término no se podía usar. Tenía connotaciones de extremismo salvaje, brutal y despiadado; era algo así como la carga de una caballería de Gengis Kan contra una aldea mongola indefensa. Prohibido en la semántica desde entonces. “¿Qué digo que soy? ¿Cómo me describo?” “Diga que es conservador…”, me indicaron.

Así que conservador… Me sentía como Galileo Galilei saliendo de la Santa Inquisición. Seguro lo sabe, igual se lo cuento: después de que al célebre físico le mostraran los “persuasivos” instrumentos de tortura que usaban contra los herejes, terminó por decir: “Está bien, ¡la tierra no gira…!” No crea que fue el Josué bíblico el único que detuvo el sol y la luna; Galileo también puso su granito de arena. Bueno…, salvemos la honrilla del físico italiano; dicen que a la salida mascullaba entre dientes: “pero gira, ella gira…”. Hmmm…

Entonces…, ya no soy fundamentalista; me ordenan decir que soy conservador. Miro desde entonces en derredor, y ¿qué veo? ¿Sabe lo que veo? Ahí va la lista:

Fundamentalistas islámicos. Fundamentalistas judíos. Fundamentalistas mormones. Fundamentalistas hindúes. Fundamentalistas budistas. Fundamentalistas comunistas. Fundamentalistas neoliberales. Fundamentalistas nazis. Fundamentalistas maoístas. Fundamentalistas populistas. Fundamentalistas blancos. Fundamentalistas negros. Fundamentalistas homosexuales

¡Todo lo que veo es fundamentalismo! Yo no sé quién se sintió autorizado para cambiarle el significado a la palabra. El fundamentalismo cristiano no es una denominación, es una actitud, todo un movimiento de gente que se adosa a los fundamentos de la fe cristiana. Ellos creen —¡yo también! — en la inspiración total, verbal y plenaria de las Escrituras. ¡Qué extremismo!, ¿verdad?, permítame la ironía.

El término «fundamentalismo», fue acuñado en Estados Unidos por los hermanos Milton y Lyman Stewart (1840-1923), dos abogados californianos, que entre los años 1910 y 1915, como filántropos, financiaron los dos volúmenes de la obra The Fundamentals: A Testimony to the Truth (Los fundamentos: Un testimonio de la verdad). Esta publicación tuvo la colaboración de casi cien autores, de diferentes procedencias confesionales; unieron fuerzas obispos episcopales, presbiterianos, metodistas, y otros. Se distribuyeron gratuitamente tres millones de ejemplares. Estos fueron los fundamentos definidos:

La inspiración, infalibilidad e inerrancia de las Escrituras. La deidad de Cristo y su nacimiento virginal. La muerte vicaria o sustitutoria de Cristo. La resurrección de Cristo y su ascensión al cielo. El regreso de Cristo o segunda venida, interpretada literalmente

¿Alguno de esos postulados le parecen «extremistas-terroristas»? La histórica publicación aludida tuvo tal impacto que influyó decisivamente en los fundadores de dos organizaciones para la traducción de la Biblia a más de mil cien idiomas: los Traductores Wycliffe (Instituto Lingüístico de Verano) y la Misión Nuevas Tribus.

El término «fundamentalismo» se incorporó a la lengua española, y se utilizó por vez primera en julio de 1920 como autodefinición de quienes estaban dispuestos a darlo todo por la verdad recogida en The Fundamentals. El impulso inicial del fundamentalismo se vio reforzado por acciones cristianas-sociales como “God Bless America” (la canción correspondiente es de 1918), y el “In God We Trust” que, con la ayuda también de la Guerra Fría, se convirtió oficialmente en lema nacional norteamericano en 1956, presente desde entonces en todos los billetes y monedas de la gran patria americana).

Décadas después se irían distinguiendo o comenzarían a ser definidos en español fundamentalismos específicos, en forma de rótulos.

Décadas después se irían distinguiendo o comenzarían a ser definidos en español fundamentalismos específicos, en forma de rótulos.

Año      Tipo de fundamentalismo

  • 1980   «fundamentalismo científico»
  •  1982   «fundamentalismo teológico»
  • 1983    «fundamentalismo religioso»
  • 1984    «fundamentalismo islámico»
  • 1985    «fundamentalismo pictórico»
  • 1986    «fundamentalismo bíblico»
  • 1987    «fundamentalismo catalanista»
  • 1988    «fundamentalismo musulmán»
  • 1989    «fundamentalismo bizcaitarra»
  • 1980   «fundamentalismo derechista»
  • 1981    «fundamentalismo jacobino»
  • 1982   «fundamentalismo marxista-leninista»
  • 1985   «fundamentalismo kantiano»

 

Dígame en qué cree, y le diré a qué fundamentalismo está adscrito, porque todos somos fundamentalistas.

 

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