La criminalización de las iglesias cubanas: Dossier, parte I

 


Presentamos acá algunos de los más reveladores textos publicados a raíz de la entrevista en Russia Today (y la retrasmisión en la televisión cubana) del periodista oficialista Oliver Zamora Oria con la pastora de la iglesia gay cubana, Elaine Saralegui.

La líder religiosa, adscrita al castrismo, lidera una pequeña asociación religiosa sin regularizar su presencia en la isla, curiosamente aupada por la hija del dictador Raúl Castro y sin sufrir ninguna de las consecuencias (interrogatorios, detenciones, derribo de templos) que otras entidades no inscritas en el Registro de Asociaciones.

La entrevista, que atacaba a las iglesias evangélicas más grandes del país, por su lectura literal de La Biblia, tiene como finalidad, según varios expertos, la satanización del pentecostalismo ante la sociedad cubana.

El Estado totalitario utiliza a Saralegui para que vincule a las iglesias evangélicas con planes desestabilizadores y la comunidad de Inteligencia estadounidense.

El temor del Estado es entendible, aunque miente. La fuerza de la comunidad evangélica (entre un 7 y un 10 por ciento de la población cubana), no sigue el adoctrinamiento castrista, y antepone sus valores tradicionales. A la vez, el despertar y el activismo desde la comunidad, dinamizado por la creciente penetración de las redes sociales en la isla, contribuye a diversificar el espectro político cubano, sumando tendencias de tipo conservadoras.

Esas tendencias han sido estrictamente prohibidas y perseguidas durante más de seis décadas por el comunismo cubano, y ahora también es perseguida y criminalizada por grupos filosocialistas como el colectivo 11M y actores paraestatales como la propia iglesia de Saralegui.


Líder religiosa procastrista pide que el Estado reprima aún más a iglesias cubanas 

 

Marta Velázquez

 

Este 22 de septiembre el canal Russia Today tuvo por invitada en su programa Entrevistas a la pastora Elaine Saraliegui, de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM), una iglesia que se nutre, principalmente de personas Lgbtq+.

La líder religiosa y el periodista no dilataron la charla antes de caer en el tema previsible: las perversas iglesias evangélicas que no reconocen el matrimonio gay, aunque sí las uniones ante la ley que permitiría la salvaguarda patrimonial de parejas del mismo sexo.

Sobre estas iglesias, dicho sea de paso las más numerosas del país, sumando entre un 5 y un 10 por ciento de la población cubana, Saraliegui hizo saber sus inquietudes.

“Están llegando a grupos más marginados, a los lugares más periféricos, están supliendo cuestiones económicas en las personas, también cuestiones espirituales en las personas, están dando esperanza ahí donde hay desesperanza ante crisis…globales que tenemos”, dijo Saralegui, vacilando y finalmente reculando antes de referirse a la crisis económica y de Derechos Humanos cubana.

“Ahí entonces es que hay que hacer la alerta y el llamado de atención –dijo la mujer-, porque ¿cómo entonces vamos a actuar ante esto?”. Pues para empezar estaría bien que la ICM llegue a los grupos más marginados, que salga de la comodidad para llegar a los sitios más recónditos, suplir ayuda material y espiritual al necesitado, dar esperanza en medio de las crisis.

Las iglesias evangélicas cubanas no publicitan las miles de ayudas diarias a ancianos desvalidos en un país altamente envejecido, a recluidos en las más duras condiciones de presidio, a madres solteras, a homeless, niños y adultos con enfermedades terminales. Detrás de eso hay horas de sueño, voluntariado, diezmos, mucho amor y poco del narcisismo que las redes sociales traen hasta hoy.

Las iglesias tampoco han hecho todo lo que describe Saralegui de unos años acá, sino que es su razón de ser desde el mismo día en que llegaron a Cuba, más de cien años atrás. Tanto así, que hasta el dictador Fidel Castro tuvo que aceptar en el libro “Fidel y la religión” que en las sierras más intrincadas de la isla, en plena guerra civil contra Fulgencio Batista, encontraba pastores asistiendo a los necesitados.

Una vez llegada la Revolución en 1959, no olvidemos, los religiosos fueron marginados socialmente, miles de hombres pasaron por los campos de concentración conocidos como UMAP entre 1965 y 1968, y en muchos casos les fue negada la entrada a varias carreras universitarias por el solo hecho de profesar su fe.

Saralegui menciona que la ICM tiene mártires, gente que ha sufrido incluso una muerte atroz fuera de Cuba, y qué pena que así haya sido. Nadie tiene derecho a matar a otro individuo porque le plazca intimar con alguien de su propio sexo. Pero quiero recordar que nosotros también tenemos mártires, precisamente, por leer La Biblia del modo que hoy ella misma condena. Nuestros mayores no doblegaron su fe, ni cambiaron sus principios, ni negaron la Palabra bajo la bota del comunismo, el mismo régimen con el que Saralegui se alía hoy sin sonrojarse para obtener prebendas y al que pide mayores controles sobre las iglesias cubanas.

Saralegui repite la etiqueta de “fundamentalista” durante todo su tiempo en pantalla, el entrevistador Oliver Zamora Oria no cuestiona el término, quizá por pereza periodística o porque es juez y parte en el asunto.

La etiqueta “fundamentalista” dejó de aludir desde 2018 al plano teológico, y bajo la retórica actual pretende ser una ofensa política. La verdad es que, como escribiera el poeta Luis Rogelio Nogueras, de tanto decir la palabra cisne, han acabado por desplumarla, y hoy por hoy en el ambiente evangélico cubano se bromea constantemente con esa palabra y se le toma bastante poco en serio. En fin, que sabiendo lo manipulado del término, la sabiduría popular le da la importancia estrictamente necesaria, es decir, nada.

Solo un reducido grupo de ofendidos bienintencionados y altos poseedores de la verdad intelectual se toman en serio la conspiranoia de la ola fundamentalista.

Pareciera que antes de 2018 las iglesias no creían que la familia natural es la formada por un hombre y una mujer, que el matrimonio -además de una institución social- tiene un componente religioso, o que el lenguaje inclusivo con el que Saralegui feminiza todo (“Espírita Santa”, por ejemplo) es la mejor cantera para hacer memes, especialmente en grupos de Facebook que nada tienen que ver con las iglesias. (Para qué darle más vueltas: a los millennials cubanos ateos y cristianos les parece una olímpica ridiculez).

La neolengua de Saralegui y sus acólitxs -similar a la adelantada por la novela distópica 1984- es tan inservible como falaz la idea de que los evangélicos “oprimen” a las mujeres, cuando es precisamente una mujer, Álida León, quien lidera una de las iglesias más grandes del país (con más de 30 mil miembros de la Liga Evangélica de Cuba) y fundó la Alianza de Iglesias Evangélicas (AIC) de Cuba a contrapelo de un régimen que niega la inscripción de nuevas asociaciones.

El victimismo de Saralegui es imposible de comprar, especialmente cuando el mismo Estado que prohibió a Álida León salir de Cuba varios meses por fundar la AIC, permite que la ICM mantenga lugares de culto en La Habana, Matanzas y Santa Clara para sus aproximadamente 100 fieles aún sin estar inscrita en el Registro de Asociaciones. ¿Por qué tal excepción no se hace con las decenas de miles de seguidores de los Yorubas Libres, la Iglesia Bautista Berenea o el Movimiento Apostólico, a cuyos pastores derriban los templos o arrestan un día sí y dos también?

Esa misma pregunta se la hizo el periodista Mario J. Pentón en 2018, y las respuestas que halló quedaron publicadas en un largo escrito que el Nuevo Herald tituló “Una nueva iglesia se expande en Cuba con el apoyo de Mariela Castro”:

La presencia de Mariela Castro bendiciendo parejas LGBTI y ataviada con una estola cristiana durante una jornada contra la homofobia y la transfobia de 2018 en Cuba provocó escozor entre algunos creyentes cubanos.

Por esos días, escribió Pentón, “la prensa oficial cubana ha estado enfocada en una nueva iglesia que se estableció en la isla con una agenda inclusiva y de la mano del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), dirigido por la hija del ex presidente Raúl Castro”.

“Ver que la imagen de Fidel Castro preside una celebración por los derechos de la comunidad LGBTI y a los creyentes de una iglesia cristiana apoyándolo es un poco fuerte”, dijo desde Miami Ignacio Estrada, pastor misionero de la Iglesia Luterana. “¿Es una burla o una usurpación? La estola es un símbolo de la autoridad de Cristo. Mariela Castro no debería usarla”, dice.

Para Estrada es un error mezclar la política con la religión. Quien ha regalado la prenda a la sexóloga es la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM), que se autodefine como una iglesia con un mensaje positivo e incluyente hacia la comunidad LGBTI. También favorecen el ecumenismo (la unidad de los cristianos) y es de corte liberal.

“Desde que se estableció en la isla en 2016, la ICM ha estado vinculada con el Cenesex y es frecuente ver a Mariela Castro participar en sus ceremonias, impartir bendiciones y aconsejar a las parejas LGBTI”, siguió Pentón. “La ICM, defensora de los derechos LGBTI se encuentra en el centro de las críticas después que Mariela Castro recibiera una estola y presidiera celebraciones litúrgicas”.

“La ICM necesita al Cenesex y a Mariela Castro porque a expensas de esa institución han crecido en el país y a la vez Mariela Castro y el Cenesex utilizan a la iglesia para promover su agenda”, afirmó Yadiel Hernández Hernández, miembro de la Primera Iglesia Bautista de Matanzas, quien consideró las relaciones entre el Cenesex y la Iglesia de Saralegui como un negocio.

El propio Cenesex ha obtenido, más de una vez, prerrogativas que corresponderían a otras entidades para contentar a Saralegui. El caso más reciente fue la visa religiosa que se ofreció al Cenesex para que entrara al país la líder del ICM, Alexya Salvador II, para dar charlas sobre ideología de género. Semanas antes similar permiso había sido negado al pastor Dante Gebel, invitado por iglesias, sí, debidamente inscritas en el Registro de Asociaciones.

“El gobierno permite y juega con instituciones que le son funcionales, así ha ocurrido mayormente con aquellas establecidas en Cuba tras 1959 (como la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao), y es hoy el caso del ICM”, dijo el analista político consultado por el Informe Keller a inicios de 2019.

En 2019 a la ICM, junto a otros grupos pro ideología de género, se les facilitó el Centro Internacional de Salud La Pradera (la importante entidad médica estatal donde se atendieron amigos y aliados de Castro como el futbolista Diego Armando Maradona y el expresidente Hugo Chávez) para celebrar la VI Jornada Socio-Teológica Identidades sexuales y de género no hegemónicas.

Huelga explicar que un lugar de este tipo nunca se le ofrecería a cualquier otra asociación religiosa. Para ser la iglesia de los oprimidos, en verdad es que la ICM tiene bastantes privilegios.

En el encuentro de La Pradera Saralegui tomó el micrófono para decir que la posición pública de la Iglesia evangélica, la católica, las religiones afrocubanas, el islam y sus millones de practicantes en la isla frente a la ideología de género en la constitución, tenían “en realidad una agenda capitalista y colonizadora”.

Después de esto, solo agregaré que el fragmento citado es parte de una ponencia titulada “El asesinato de Jesús socialista y el ascenso del dios capitalista imperial”. Ya podrán imaginar.

Mientras, el grupo en redes sociales SOMOS ICM EN CUBA, pidió se frenara el accionar público de otras iglesias que no estuviesen de acuerdo con la ideología de género con estas palabras: “es imprescindible que el Estado dibuje fronteras claras a la actividad religiosa, donde los límites se establezcan a partir del respeto a todas las personas y la justicia social”.

¿Y quién define qué es “justicia social”? ¿Una bancada de jacobinos que pedirá guillotinar a quien se les oponga; un comité de jóvenes entusiastas que harán la revolución cultural; lectores de El Capital que aman a los pobres pero no temen fusilarlos si disienten? Ya hemos tenido bastantes iluminados en la historia.

Sobre el tema del fundamentalismo, la verdad es que no existe tal. Los principios bíblicos defendidos por la inmensa mayoría de las iglesias evangélicas en Cuba son los mismos de hace 100 años atrás. Entonces, ¿por qué ahora enarbolan algunos iluminados las banderas del alarmismo y la prensa corre cual ganado a mugir la palabrita? ¿Será que de verdad descubrieron el agua tibia?

Algunas personas con las que he hablado del tema creen que el objetivo es intentar tapar la ola “revolucionaria” de la teología cuir, que pretende únicamente, según palabras de Saralegui, “desestabilizar” el interior de las iglesias y, en otro sentido, criminalizar toda voz disidente bajo epítetos igual de desgastados (machista, homófobo, etc).

No olvidemos que en medio de los debates constitucionales de 2018 Mariela Castro posteó en su perfil de Facebook: “Estamos reformando la Constitución, no La Biblia”; sin embargo, la web Somos Cuir (donde, mire usted qué curioso, trabaja la pareja sentimental de Saralegui) reveló la existencia de una labor conjunta entre “sectores ecuménicos e instituciones como el Cenesex” para fomentar la división doctrinal al interior de la comunidad evangélica.

Hoy, como en los terribles años 60, compartir la verdad bíblica ya es visto como un acto de rebeldía.

Fuente: Cuba Trendings

 


“No les interesa el periodismo equilibrado, sino la propaganda”: critican a Russia Today desde sociedad civil cubana

 

Álvaro Bárcenas

 

Un comunicado oficial publicado hoy por la Liga Evangélica de Cuba (LEC) cuestionó la ética periodística de la corresponsalía del canal Russia Today en La Habana a partir de una polémica entrevista publicada el pasado martes donde se acusaba de “fundamentalistas” a la inmensa mayoría de iglesias evangélicas en la isla.

“Como iglesia rechazamos las declaraciones de la ciudadana Elaine Saralegui, que dice ser activista social y pastora de Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) en entrevista con el periodista Oliver Zamora Oria, corresponsal de la cadena Rusia Today”, comenzaba el comunicado.

La entrevista, transmitida por la Televisión cubana, fue motivo de agravio para el liderazgo evangélico de denominaciones tan grandes como Asambleas de Dios (con medio millón de miembros) y otras a las que el régimen les prohíbe el registro oficial como las del Movimiento Apostólico.

El documento expresa que “aunque no se mencionaron expresamente nombres de Iglesias, en el lenguaje visual sí está presente la alusión a nuestra asociación religiosa. Las imágenes de nuestra congregación y liderazgo mostradas de forma simultáneas a las palabras de descrédito de Saralegui. Tales acciones las consideramos violatorias de los códigos éticos que deben acompañar el accionar de los medios de comunicación”.

El texto reconoce la libertad de cualquier medio periodístico a publicar sus trabajos, así como cada persona a expresar su opinión. “Lo que no es correcto es que exponga una sola visión y silencie otras opiniones al punto de criminalizarlas. Ese es el caso de un amplio sector de la iglesia cubana que no cuenta con espacios públicos reconocidos para expresar sus argumentos”, señala.

El escrito asegura que la comparecencia de Saralegui trata de vender que el fundamentalismo religioso intenta dividir a la sociedad cubana, algo también muy criticado por internautas, pues un fragmento de la entrevista fue graficado con un desfile gay en La Habana, donde uno de los paseantes portaba la consigna “Yo Soy Fidel” acompañaba de un arcoíris, en referencia al fallecido dictador.

No es ocioso recordar que en 2019 un grupo de activistas Lgbt independientes, llamados New Generation, solicitó al gobierno de Estados Unidos retirar o impedir la entrada a ese país a varios personeros del Cenesex, entre ellos Elaine Saralegui, por sus vínculos con la dictadura cubana.

 


 

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