Canoa: ¿primer aporte aborigen a la lengua española?

Por: Ivo Basterrechea


La palabra canoa nunca fue arahuaca y sí creada por algún castellano, convirtiéndose en la primera voz americana incorporada al español, registrada desde 1493, en el Diccionario de Antonio de Nebrija, según el fichero General del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Cuando Colón se acercaba a la isla de Juana, o sea Cuba, y al ver sus grandes árboles quedó impresionado de tal forma, que así lo plasmó en la carta que, en 1493, le enviara a Luis de Santángel, escribano de ración de los Reyes Católicos.

Hay palmas de seis u ocho maneras, que admiración verlas por la deformidad hermosa de ellas…”

Y más adelante las describió “como árboles de mil maneras, y altas, y parecen que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo que puedo comprender que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España”. Debemos aclarar que en aquellos tiempos las palmas no se clasificaban en reales, en canas ni africanas, etc. Eran y son consideradas hasta el día de hoy, árboles.


 


Y creemos que antes del nombre de reales, algún castellano las llamó canas, por su parecido al cabello cano en su color grisáceo, por lo que aseguramos, de aquí surgió el nombre de canoa a la embarcación que Colón llamó almadía, del árabe hispano almadíyya, embarcación formada por troncos o maderos unidos y en su segunda acepción, canoa, embarcación de remos.

El padre Las Casas que se cree fue el autor del Resumen del Diario de navegación, reflejó la admiración del Almirante hacia las canoas: “Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra, y grandes en que en algunas venían 40 o 45 hombres, y otras más pequeñas hasta haber de ellas en que venía un solo hombre”.

Aclaremos algunos conceptos al respecto, porque para los antillanos, y particularmente los cubanos, a la palma nunca la hemos visto como un árbol, sino como una mata, sin importar la altura, y así llamamos a una mata de tomate, al naranjo, a la mata de plátano, a la de coco, que a la mata de palma, cosa que aún la Academia de la Lengua no acepta y creemos que por tal motivo los lexicógrafos y escritores como Juan Ignacio de Armas, por poner un ejemplo, no pudieron dar con la verdadera etimología de la palabra canoa, porque este erudito de las letras, la relacionaba con las palabras canela, canal y otras más.

También es cierto que canoa se llama a un tronco de la palma o de cualquier árbol maderable, convertido en canal y cerrado por los extremos, donde abreva el ganado, pero por supuesto que esto sucedió mucho después, en alusión a la embarcación, y quizás por ahí anduvo buscándola el ilustre camagüeyano.

Entonces, volviendo a lo dicho por Las Casas, vemos que la palabra pie en su quinta acepción del diccionario de la RAE, significa el tronco de un árbol, que el vocablo luengo, es lo largo. Y labrado muy a maravilla, según la tierra, significa labrado por la tierra de forma natural, y no por las manos de los indios, ni con hachas de piedra y fuego, como nos lo han hecho creer hasta ahora, porque la confusión llevó a muchos cronistas y escritores a pensar que las canoas se fabricaban de cualquier tronco de árbol maderable rameado, después de cortados y quitadas las ramas. Y de Armas, siempre se preguntó con qué herramientas cortaban el tronco y lo despojaban de sus ramas, si cuando Colón llegó, los Naturales no las conocían.

Acaso no es más lógico pensar que las canoas se hacían de los troncos de las palmas, que alguien llamó canas por su perecido al cabello cano, y que por cierto, en contraposición a los árboles maderables, la parte exterior (labrada por la tierra) es más dura que la interior, y que resulta más fácil recibir el fuego de los carbones.

Además los que tuvimos la posibilidad de ver las crecidas de los ríos, vimos cientos de palmas flotando, que luego de la inundación quedaban varadas a lo largo del cauce, cosa que los indios formando grupos, (decía Colón que aparecían por cientos y miles) bien que podían sacarlas a tierra y poner a secar al resistero del sol, quemándolas en sus extremos y luego colocando las brazas en la parte superior para que el fuego, después de quemar la corteza, quemara la parte filamentosa y blanda del interior, y como nos aclara el diccionario, a lo largo de unos quince metros de longitud (luengo) y alrededor de medio metro de ancho, en el tronco (pie), como lo reflejó Colón, muchas canoas, de sólida y compacta madera, aunque estrechas.

¿Quedará alguna duda de que las canoas de nuestros indios antillanos fueron elaboradas de las matas de palmas canas y de ahí el nombre por su parecido al cabello gris? No olvidamos que, por la misma confusión, luego se elaboraran de troncos de árboles maderables y en muchas partes de América, las llamaran piraguas. Solo hay que fijarse en los troncos.

Al elaborarse de la palma, explica la gran cantidad de canoas que aparecían por todas partes, no así, si se hubieran hecho de los troncos de árboles ramosos. Así también se justifica el color prieto, que señaló el Almirante a los indios, y no es otra cosa, que una vez ahuecada por el fuego, su interior filamentoso se hacía carboncillo, y aquellos 40 o 45 hombres, de una sola canoa, quedaran con los cuerpos tiznados.

La canoa fue el primer objeto artificial que verdaderamente llamó la atención al Almirante, una embarcación muy fácil de elaborar de un pedazo de palma labrado muy a maravilla (liso por completo) que, si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vacían con calabazas que traen ellos, porque ni quilla tenía. Por lo menos en el período comprendido entre el 12 de octubre y el 25 de diciembre de 1492, en el que nuestros aborígenes eran verdaderamente Naturales.


Ivo Basterrechea Sosa: Escritor, poeta, editor y guionista. Nació el 12 de noviembre de 1956, en Media Luna, Oriente, Cuba. Vivió en México y en la actualidad radica en Miami, Estados Unidos de América. Impartió conferencias en la Universidad Autónoma de Acapulco (UAA) y en la Universidad Autónoma de Guerrero, México. Publicó los poemarios Alma desnuda, Milagros, el libro de cuentos La virgen de Paul Anka, El Diccionario cubano-español, Cubaneando, y la novela policíaca El reverendo. Dirigió y editó la revista de promoción cultural Paradiso. Ganó diferentes premios en Cuba. El primer premio en cuento de la editorial Voces de Hoy, en Miami. Finalista en el IV, V y VI Certamen Internacional de Microrrelatos Jorge Juan, de España, 2017, 2018 y 2019. Finalista con dos relatos en el IV Concurso de Microrrelatos del Hotel Montreal 2019 de España. Finalista en el Concurso de Novela Histórica Premio HISPANIA 2019 de España. La novela Ave María Habana está en proceso de edición con la Editorial Adarve, en España.

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