Régimen cubano otorga el primer “pase carcelario” el preso político cubano Ernesto Borges

Borges está a punto de quedarse ciego. Su prioridad, dice “es no terminar de perder la vista” como consecuencia de la enfermedad que padece, que se agravó con más de dos décadas de encierro.

Por su estatus legal Borges debió haber adquirido la libertad condicional desde el año 2008, pero el régimen cubano se lo ha negado.


El preso político cubano Ernesto Borges ha salido por unos dias del sistema carcelario del régimen. Le han dado un “pase” o una especie de pausa del tormento que vive desde hace más 22 años en las celdas del castrismo, la mayoría de las veces sin luz eléctrica, sin agua potable, sin los requerimientos nutricionales básicos, eximido de la dignidad que merece cualquier persona a la que el estado decida aislar de la sociedad.

Ernesto Borges se está quedando ciego. A sus captores parece que este problema de salud ni les va ni les viene, pero lo dejan salir, bajo estrictas medidas de seguridad, porque saben que el reo es tan valiente que no eludirá su condena, huyendo.

También saben – y lo saben bien-, que el mundo civilizado se pregunta cuál es en énfasis del castrismo en retenerlo en una prisión, pudiendo haberlo liberado bajo reglamentos de libertad condicional, hace más de una década, en observancia las propias leyes cubanas vigentes.


Raúl Borges, padre de Ernesto (Foto Reuters)

Quién es Ernesto Borges

 

Borges Pérez es un excapitán de la contrainteligencia del régimen, que fue juzgado en 1998 por presunta tentativa de espionaje. Borges trabajaba en el departamento donde se captaban y entrenaban a los agentes encubiertos que luego serían infiltrados en Estados Unidos y otros países capitalistas.

Se dice que desde allí Borges recolectó información sensible que pretendía entregar a funcionarios de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, pero fue detenido antes de cumplir su propósito.

Más allá de que durante el juicio en su contra las garantías procesales fueran nulas, en la actualidad Borges no niega que pudo haber estado involucrado en actos de disentimiento contra el castrismo.

Fue condenado a 30 años de prisión por una larga lista de delitos, todos vinculados con el presunto espionaje y con la “traición a la patria”.  Los 10 primeros años de su encarcelamiento los pasó en una “tapiada”, una celda de castigo de la prisión de alta seguridad de Guanajay, en La Habana, sin la iluminación, sin ventilación adecuada.

El castrismo ha intentado de quebrantarlo por todas las vías posibles.

Según cuentan sus familiares “desde su ingreso a prisión la Seguridad del Estado ha tratado de reclutarlo en varias ocasiones para que sirva de nuevo (al régimen), a cambio de su libertad, pero él siempre se ha negado.

“La dignidad no se compra ni se cambia por la libertad, yo prefiero seguir así, en una celda, que venderme”. – dice su padre que es la respuesta de Borges Pérez ante estas propuestas.

Ahora, a punto de perder su visión como perdió el resto de su vida, Borges comenta a una fuente cercana a Radio Viva 24 “yo no siento que ellos (el régimen) tenga intención de liberarme. Por un lado, me piden que me aparte de la actividad política, que no me vincule con la oposición en Cuba, pero me dan un pase…creo que lo hacen porque saben que no me detendrán y que seré libre de hablar con quien yo quiera. Eso es algo que ellos pueden usar para tenerme los 30 años preso, sin darle la libertad condicional que le darían hasta a un asesino múltiple”.

“Tengo cataratas en los dos ojos. Apenas puedo ver. También padezco de una hernia inguinal que tampoco me han operado, porque el mismo cirujano que me atendió en el Combinado del Este me dijo que no me operara ahí, que me operara en la calle. He dejado de hacer ejercicios y de correr, porque no quiero que se agrave la situación de mi hernia, porque si eso pasa en prisión, puedo morir incluso antes de la operación”, comentó Borges a uno de sus familiares.

 

El más grande de sus dolores

 

Ernesto Borges tiene una hija de 27 años a la que dejó de ver cuando la niña tenía apenas 5 años. Ha hablado poco con ella, siempre por teléfono.

La última vez la muchacha le dijo “parece que a ti te gusta estar preso”.

Ernesto no encuentra cómo explicarle a su hija que pactar con la dictadura para que lo dejen libre no es una opción; que ya lo perdió todo, esposa, familia, amigos y hasta la existencia, tal como la mayoría la concibe, porque un día decidió no apostar por el mal.

Ernesto Borges no puede decirle a la niña de sus ojos que la ama por sobre todas las cosas, que tal vez no conocerá a sus nietos, porque antes de que nacieran decidió legarles un trozo de historia en el que la vileza humana no tiene cabida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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