De los ataques sónicos a la impunidad delincuencial: sobre el terrorismo de Estado en San Isidro

Por Armando Añel


En La Habana dejaron sordos, medio sordos o discapacitados a varios funcionarios estadounidenses y sus familiares. Fue a finales de 2016 cuando los diplomáticos de servicio en Cuba comenzaron a descubrir que sufrían pérdida de audición. La conclusión de las investigaciones en Estados Unidos: fueron expuestos a un dispositivo sónico encubierto que operaba fuera de la gama de sonidos audibles.

Y uno, humilde y desinformado fantasma, se preguntaba un año después, en el verano de 2017: “¿Esto se queda así? ¿Le rompen los tímpanos a más de un decena de diplomáticos estadounidenses y canadienses en Cuba y no pasa nada? ¿Un parasitario Estado fallido le modifica la salud a los funcionarios de la mayor potencia mundial y esta se cruza de brazos?”.

Cabe imaginar entonces los niveles de valentía que necesita la sociedad civil en Cuba y Venezuela –los muchachos de San Isidro, los manifestantes en Caracas, etc.- si la represión ni siquiera se detiene ante los representantes del “imperio” en sus sedes diplomáticas. En Cuba y Venezuela la impunidad oficialista ha alcanzado niveles de ensañamiento incluso disparatados, como demuestra un nuevo ataque contra artistas y escritores independientes en el domicilio particular de uno de ellos, en la madrugada de este 22 de noviembre, en La Habana Vieja.

“Aquí están las fotos de Luis Manuel (Otero Alcántara) herido, del cubo con botellas que el delincuente trajo con él para atacarnos, de la puerta rota y de las patrullas policiales que vinieron y no hicieron nada: patrullas 370 y 436”, apuntó la curadora Anamelys Ramos, una de las activistas cercadas en Damas 955, sede del Movimiento San Isidro. “Todos cómplices de este acto criminal”.

Todos. Empezando por el delincuente “coheteado” por el régimen delincuente que impera en la Isla. E incluyendo a los medios de prensa, instituciones y gobiernos que callan ante el terrorismo de Estado made in Cuba. De alguna manera, directa o indirectamente, ellos también ponen en riesgo la vida de estos magníficos muchachos de San Isidro, cuya aspiración fundamental pasa, elementalmente, por habitar un país libre y civilizado.

Ellos, los cómplices del terrorismo por activa o por pasiva -y en la lista caben quienes teniendo la fuerza no la emplean contra quienes aterrorizan por medio de la fuerza-, también expanden la impunidad.

 

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