Sacerdote cubano declara que el régimen quiere impunidad, la posibilidad de jugar a ser Dios

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“Esperamos poder salir a las calles y decir en alta voz lo que pensamos sin el miedo que nos hace bajar la voz y actuar como el gorrión que pica y mira para los lados”, dijo el sacerdote cubano Alberto Reyes en un mensaje publicado en Facebook al iniciar el nuevo año, publica Radio TV Martí.

“Esperamos unas calles llenas de gente feliz y no de agentes policiales listos para reprimir el menor desliz, esperamos disfrutar de esa sensación gratificante de pueblo adulto que lucha unido por construir un presente digno sin la tutela paternalista de un Estado que no acaba de entender que su función no es la de agente de control totalitario sino la de ayudar a los ciudadanos a ser cada vez más libres y capaces”, subrayó Reyes, sacerdote de 53 años de edad, párroco en el municipio Esmeralda, de Camagüey.

Al describir la realidad cubana, Reyes dice que hay “un grupo de poder que controla los destinos de mi tierra desde hace 62 años, y un país con un gobierno diseñado para mantener a una élite en el poder”.

Acerca de las motivaciones de los gobernantes, va mas allá del deseo de tener poder y “unas quasi ilimitadas posibilidades económicas”.

“Es algo más, es la impunidad que da el poder absoluto, es la posibilidad de actuar sin ser cuestionado”, opina Reyes. “La impunidad es la posibilidad de jugar a ser Dios”.

En cuanto a dicha impunidad, publica una lista de acciones que no fueron castigadas o investigadas:

– Hundieron el remolcador 13 de marzo, con niños adentro…, y no pasó nada.
– A tres jóvenes que habían secuestrado una embarcación para irse del país se les aplicó la pena de muerte porque había que dar una “condena ejemplarizante”…, y no pasó nada.

– Se provocó la crisis de los balseros, y se permitió que la gente, en su desesperación, se lanzara al estrecho de la Florida flotando en recámaras de tractor…, y no pasó nada.

– No salimos de una crisis económica para entrar en otra…, y no pasa nada.
– Los jóvenes, el futuro de esta patria, emigran continuamente…, y no pasa nada.

– Se utiliza a los profesionales como mano de obra barata y se les priva del fruto de su trabajo…, y no pasa nada.

– Un profesional pone en las redes sociales algo que ha visto con sus propios ojos pero que implica una crítica a la situación que vive el país y se le invalida para siempre su título…, y no pasa nada.

– Un joven universitario expresa una opinión contraria al sistema, y se le expulsa del sistema educativo…, y no pasa nada.

– La seguridad del Estado detiene o confina arbitrariamente a las personas…, y no pasa nada.

– El sistema de justicia está secuestrado por el Estado, provocando la indefensión jurídica del ciudadano de a pie…, y no pasa nada.
– Se reactivan los actos de repudio…, y no pasa nada.

– Se denigra en la televisión a cualquier persona, se miente sobre ella, se “teje” y se vende el perfil deseado, sin que haya derecho ni posibilidad de réplica…, y no pasa nada.

Los salarios no alcanzan, y no van a alcanzar…, y no pasa nada.

No hay medicamentos imprescindibles para la salud de muchas personas…, y no pasa nada.

– Las personas que han trabajado toda su vida llegan a la ancianidad y no tienen nada …, y no pasa nada.

– La cotidianidad del cubano es una carrera de obstáculos por conseguir lo necesario, desde el pan nuestro de cada día hasta un pasaje de autobús…, y no pasa nada.

– Los artículos de primera necesidad empiezan a venderse en dólares americanos, la moneda del “Imperio” al que los mismos que ponen las tiendas han achacado todos nuestros males…, y no pasa nada.

– Se le sigue llamando “Revolución” a una dictadura…, y no pasa nada.

“¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie ante todo este control omnipresente que se despliega ante nosotros día a día?”, se pregunta el sacerdote.

Su respuesta: Tenemos el poder de actuar como hombres y mujeres libres, tenemos el poder de decir lo que pensamos, de usar el “sí” y el “no” desde nuestra conciencia y no desde lo oficialmente orientado, podemos denunciar en público y en privado lo que está mal y no responder “como si no pasara nada”, tenemos el poder de unirnos al que defiende la verdad y la justicia para no hacerlo vulnerable.

“Tal vez uniéndonos, diciendo lo que pensamos y reclamando nuestros derechos, uno a uno, la verdad y la libertad se abran paso. No hacer nada, no intentar romper la impunidad, es colaborar con ella”, afirma Reyes.

En noviembre del año pasado, Reyes había arremetido contra el sistema comunista.

“Cuba es una cárcel grande donde, si te portas mal, te meten en otra más pequeña. Y como cárcel al fin, nos sentimos controlados. Tenemos miedo a decir lo que pensamos, a decir lo que queremos. Tenemos miedo a que de un modo u otro nos bloqueen el estudio o el trabajo, que nos hagan la vida más difícil de lo que ya es”, dijo el sacerdote.

Y en declaraciones anteriores, manifestó que en Cuba se vive en esclavitud, una condición marcada por el hecho de “vivir sin honor, sin respeto, sin honra”.

Los obispos de Cuba, en su reciente Mensaje de Navidad, también pidieron cambios en la sociedad, para que haya mas tolerancia y respeto.

“Una buena noticia para los cubanos sería que la intolerancia dé paso a una sana pluralidad, al diálogo y a la negociación entre los que tienen opiniones y criterios distintos”, dice la comunicación.

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