Las micro brigadas y el bayú de Lola (Parte II)


Por Ivo Basterrechea


Muy fácil se les iba un año entre las manos a los brigadistas, dedicados a otras “tareas de choque” que necesitaba el Estado, y a muchas brigadas las movilizaban para labores agrícolas porque esos puntos también contaban, y solo se quedaba un grupo muy reducido avanzando la construcción con los materiales que aparecían (la ración gota a gota), y cuando terminaban los cuarenta y cinco días en la agricultura, había quienes se quedaban por seis meses para aumentar el puntaje al derecho de obtener la vivienda, entonces los que se reincorporaban levantaban el edificio hasta la primera planta.

¿Alguien recuerda los planes quinquenales socialistas?, así también (como media), eran los pisos de esos edificios, y así por cada piso un años de trabajo constructivo, y luego la concebida falta de materiales, y entonces a enviar parte de las brigadas para la recogida de papa u hortalizas, o como brigadas de choque para reforzar el levantamiento de una escuela en el campo, o el futuro policlínico de la zona, porque así dividieron las áreas, por zonas (de ahí el nombre del dúo musical Gente de Zona), o a reforzar las brigadas para la nueva estación de policía, o la escuela inter armas tal o más cual.

Un período más o menos de un año, para reincorporarse a la brigada original y levantar el segundo piso, y así unos años tras otros hasta los cinco años como promedio, porque hubieron brigadas que llegaron a terminar su ansiado edificio al cabo de los diez años, y peor aún, aquellos que llegaron a levantar la zapata, y se acabó la furia de las micro brigadas, porque la URSS y los demás países socialistas, sepultaron esta ideología y abrazaron el capitalismo, y entonces desapareció la teta de la vaca, pero si hasta aquí parecía macabra la idea, yo diría que no, porque lo peor estaba por llegar y era cuando después de cinco años como mínimo llegaba al fin la repartición de viviendas, o sea pan y circo, o mejor dicho el bayú de Lola.


Edificio de apartamentos de microbrigadas, tipología volumétrico-espacial, La Habana.

Las reuniones para la entrega de los apartamentos eran peores que las vallas de gallos, y aquí era donde la Revolución cubana disfrutaba en sacar lo mas negro, lo más sucio y bajo de los sentimientos de un ser humano, era aquí donde se formaba la gran escuela del bayú de Lola liderado por el sindicato y el partido.

Los militantes preaprobados, porque eran la vanguardia antimperialista, pobre de aquellos que no lo eran, los echaban a la arena como a los gladiadores romanos, sacándose los trapos sucios, las viejas pasiones de antaño, que si a fulano lo agarraron robando una bolsa de cemento, si mengano se accidentó tantos días.

No había compasión, se apelaba incluso a los hijos, padres y familiares cercanos, zutano no fue a la agricultura, esperancejo recibió a un familiar de la Comunidad cubana del exterior (peor si era de los Estados Unidos), aquel se negó a cumplir misión en Angola, Etiopía o donde lo mandaran, ya fuera como médico, maestro o soldado.

La otra le pegaba los tarros al marido con el jefe de brigada, aquel era religioso y tenía un cuadro del corazón de Jesús colgado en la sala de la casa de su mamá, o ese no participó en un mitin de repudio, y era aquí donde el secretario sindical actuaba como emperador romano, al someter a votación una decisión que de antemano estaba tomada y aprobada en el comité de base de la Juventud, o en el núcleo del partido.

El circo se venía abajo, sin importar la pataleta o rabieta de los que se quedaban sin nada, pero la Revolución era benévola y les daba la oportunidad de incorporarse a un Contingente donde podrían desarrollar los conocimientos adquiridos, pero esa es otra historia del Bayú de Lola.

 

Las micro brigadas cubanas y el bayú de Lola (parte I)

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