Crece angustia por la suerte de los mineros atrapados en Caldas

En Irra, un pequeño corregimiento de Quinchía, Risaralda, la minería es una de las pocas oportunidades laborales que tienen las personas.

Cada día, cientos de hombres y mujeres de esta población ubicada a orillas del río Cauca se trasladan en unos medios de transporte improvisados por las antiguas carrileras del ferrocarril, impulsados por motos, hasta llegar a minas cercanas a su corregimiento, muchas de estas en Neira, Caldas, publica El Tiempo.

Precisamente fue en una de estas minas, en la vereda El Bosque, que no es autorizada –según el Gobierno Nacional–, donde el viernes se registró una tragedia que tiene en vilo a los departamentos de Caldas y Risaralda.

Un grupo de 11 mineros quedó atrapado después del colapso de la estructura y desde entonces las autoridades intentan rescatarlos.

La mayoría de estos hombres son de Irra, así como de Neira. Además, hay un venezolano.

Sin embargo, los habitantes de la zona, y los mismos mineros que trabajan en el lugar, creen que ya no están con vida y se ahogaron.

“No tenemos nada de esperanza. Esa vida es muy dura y arriesgada, toca bajar todos los días a ese socavón al que sabes que entras, pero nunca estás seguro de si sales”, aseveró Miriam Ramírez, familiar de uno de los hombres.

La mina tiene unos 13 metros de profundidad y 60 kilómetros de largo, que en buena parte están por debajo del río Cauca. Y las personas saben que ingresar a lugares como estos es un riesgo.

 

Mineros Caldas - Neira

 

Según los habitantes de la zona, las fuertes lluvias de los últimos días habían impedido que fueran a trabajar, pero aprovechando que el viernes no había llovido, decidieron salir para buscar el sustento.

Pedro Londoño, líder social del corregimiento, contó que bajo el río han encontrado el sustento para sus familias.

“Mi mamá me levantó con lo que conseguía cada día en la mina, por eso, todos los que se dedican o no a la minería, sentimos un profundo dolor. Estas personas perdieron la vida trabajando honradamente”.

De hecho, alrededor de 50 mineros de toda la región se desplazaron hasta la zona para ayudar con los trabajos.

Pero en el lugar no solo había amigos y compañeros de trabajo, también familiares.

Según el censo de las autoridades, una madre está en vilo porque tres de sus hijos estaban ese día en la mina. Y aunque tiene pocas esperanzas, no descarta un milagro. Sus hijos son Edwin, Milton Alexis y Diego Felipe Tabarquino Morales.

Quien corrió con una suerte diferente a la de sus compañeros fue Yeison Estiven Navarrete, un joven que no había querido ir en toda la semana por las condiciones climáticas.

“Yo no quise ir tampoco ese día, pero todos los que están allá son compañeros míos que murieron a manos del río. Esta es una situación que no le deseamos a nadie”, relató el hombre.

Y es que la mina quedó completamente inundada y a pesar de los trabajos de rescate y el traslado de equipos más sofisticados como poderosas motobombas, que se hizo vía aérea por la complejidad de llegar hasta la zona, las fuertes lluvias continúan inundando el lugar.

Otra de las acciones para adelantar el rescate es el traslado de una retroexcavadora de oruga para tener como soporte si es necesario hacer excavaciones y así evacuar el agua más rápido.

“Esta no es una situación fácil, es una situación donde estamos todas las entidades del Gobierno Nacional, departamental y municipal, para que entre todos se logre tomar las mejores decisiones con el objetivo de poder encontrar, de una manera rápida, a esas personas que se encuentran desaparecidas”, aseguró Guillermo Velandia, director encargado de la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), quien hace acompañamiento en la zona.

Los familiares, en medio del dolor y la incertidumbre, quieren hallarlos, sin importar que estén sin vida, porque así, por lo menos, podrán darles cristiana sepultura.

Foto: intermedio EFE

Vía: El Tiempo

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