Las cuatro patas de El Gato

3

Por Francisco Alemán de las Casas


De repente, como asistidos por una luz extracorpórea miles de cubanos descubrieron que el régimen de la isla secuestra y silencia el disenso. Ha sido un descubrimiento cobarde, mierdero, a medias entre el asombro estúpido y la consternación mediocre del que se deja meter a la fuerza, primero el dedo y después, lentamente, el pie, perfectamente lubricado con arena de mar.


Llevamos 62 años aguantando que nos metan el pie y recién ahora, gracias a la Internet, pareciera que conectamos no solo con el mundo exterior, sino con ese lejano universo paralelo que transcurre tres cuadras más debajo de donde vivimos.

 

Pero la casi apertura de ojos no ha sido espontánea en este caso. Para que ocurriera la seguridad del estado tuvo que detener el pasado lunes a Yoandi Montiel Hernández, humorista e influencer cubano, al que conocemos como “El Gato de Cuba”.  Desde entonces, según su familia, se encuentra incomunicado en el centro de torturas conocido como Villa Maristas en La Habana.

En una de sus páginas de Facebook vemos que el Gato tiene más de 50 mil seguidores. Revisamos aleatoriamente los perfiles de su público y, sí, gran parte de ellos vive en Cuba.

Curiosamente no he visto a muchos de sus seguidores, de los que viven dentro de la isla, cuestionar al régimen por la detención de El Gato. En sus cuentas de Facebook seguimos viendo los chistes simplones de la carne de vaca o los memes que basan sus burlas en la apariencia física de otros, por ejemplo.

En defensa de El Gato, mayoritariamente, han salido los opositores de siempre, los “consagrados”, por llamarlos de alguna manera.

Que sepamos, José Daniel Ferrer y la Unión Patriótica de Cuba, la UNPACU, han estado ahí.

Ferrer exigió la libertad del youtuber mediante un cartel que dice “Liberen a El Gato ya”. También lo hizo a través de Twitter.



El Gato no era opositor de título o a tiempo completo. Eso le da cierto encanto o tal vez un toque temerario que parecía responder a las expectativas de muchos cubanos, de dentro y de fuera, inconformes con los grupos opositores establecidos.  

Sin embargo, han sido los opositores de toda la vida quienes han mostrado su solidaridad. Bueno, no todos. No veo nada, por el ejemplo, en el sitio web del Movimiento San Isidro (MSI) o en sus redes sociales. Al menos no veo un pronunciamiento oficial firmado por el grupo para el que tanto apoyo pidió El Gato de Cuba.

El MSI seguramente está muy ocupado diseñando ese “diálogo” que la mayoría de los cubanos que conozco no comprende o no acepta, tal vez porque su convocatoria pide, desde la más sumisa de las actitudes cívicas “tratar de no levantar la voz al dialogar”.

Tampoco veo nada al respecto en las redes de los grupos de “élite” de la oposición cubana de salón. Me refiero a esos que dicen odiar la vulgaridad. Los que entre cuatro paredes la agarran con guantes y la saborean con babero – porque son muy finos-, jamás se dignarán a mover sus largas pestañas en dirección un “marginal” como el Gato.

Pero aún sacando de la ecuación a los grupos que no se han pronunciado, me pregunto dónde están los otros, los tal vez 20 mil cubanos que le reían la gracia desde dentro de la isla a el Gato de Cuba.

¿Cuántos de ellos han subido un estado en Facebook o un twist pidiendo explicaciones al régimen por el secuestro del “ídolo”? ¿Cuántos exigen que sea liberado y sometido a un proceso transparente, con las necesarias garantías legales? ¿Cuántos han llamado por teléfono a la policía para interesarse por el caso? ¿Mil? ¿Quinientos? Tal vez menos. ¿Cien? ¿Menos?

Es que no podemos engañarnos. A los cubanos nos encanta el show, pero odiamos las consecuencias. Nos gusta que el compromiso por la libertad parezca compartido, pero nos desentendemos de toda responsabilidad si las cosas salen mal. Si alguien cae en la batalla, qué se joda. Ya vendrá otro a ocupar su lugar en el frío espacio de las redes sociales y de la atención mediática. Así funciona para las multitudes el negocio de la libertad de Cuba, a punta de cinismo, de desidia, de pendejerías.

No olvidemos que la lista de presos políticos a la que ahora se suma Yoandi Montiel Hernández es larga. Tampoco pasemos por alto que a la mayoría de los cubanos no les importa si a nuestros hermanos los matan o torturan en las cárceles. Cuesta decirlo, pero es la pura verdad. Somos, en general, los cobardes a los que ningún supositorio de dignidad endereza. Preferimos llorar nuestra falta de comida o de medicinas por MSN a publicar un post contra el régimen en el muro de Facebook.

Nos encantaría que alguien nos regalara una Cuba libre sin mover un dedo. El preso o el muerto que lo ponga otro y la solidaridad también. Mejor procrastinar, posponer nuestras miserias hasta que ocurra un milagro, que hacer algo por nosotros o por el país que le legaremos a nuestros hijos.

Es que, salvo raras excepciones, no tenemos vergüenza. Según Informe No.19 sobre Derechos Humanos, emitido Centro Cubano de Derechos Humanos en marzo 2021, la situación de nuestros presos políticos se agrava, mientras usted y yo subimos memes a la red, no denuncias.

 

Ejemplos de otros presos políticos cubanos:

Mitzael Díaz Paseiro, preso político y de conciencia fue trasladado al régimen de mayor rigor de la prisión Guajamal, en Santa Clara, por sumarse al grito de “Patria Y Vida”. Él es activista de Frente Nacional de Resistencia Cívica “Orlando Zapata Tamayo” y fue sancionado en noviembre del 2017 a 3 años y 6 meses de prisión por un presunto delito de “peligrosidad social predelictiva”. Luego de pasar 11 días incomunicado, denunció haber sido golpeado por sus carceleros. Mitzael corroboró a su familia que fue reprimido, golpeado y enviado a celda de castigo.

El preso político Virgilio Mantilla, condenado a 7 meses de prisión por un presunto delito de “acaparamiento” dio positivo a Covid-19. El preso fue trasladado desde la prisión Kilo-8, para Cerámica Roja, el 7 de marzo fue trasladado a un lugar desconocido tras confirmarse positivo a la Covid-19, luego de que lo confinaran en un espacio pequeño con una persona enferma de coronavirus. Mantilla permaneció por más de dos semanas ingresado en el Hospital Amelia Simoni de Camagüey. Para colmo, ha sufrido traslados constantes de centros penitenciarios, castigos en celdas, robo de sus pertenencias por oficiales y despojo de libros y amenazas.

Luis Robles Elizástegui, de 28 años de edad, fue detenido el pasado diciembre mientras se manifestaba en el boulevard de San Rafael, mostrando un cartel. Robles fue conducido a Villa Maristas, sede de la Dirección de Operaciones de la Seguridad del Estado, luego recluido en el Combinado del Este, donde permanece. Actualmente está siendo procesado por “propaganda enemiga”, “alteración del orden público”, “desacato a la autoridad” y “actos contra la Seguridad del Estado”. La fiscalía pide que lo condenen a 7 años de cárcel.

El preso político Eider Frómeta Allien, volvió a plantarse porque sigue en celda de castigo y le están negando incluso llamadas por teléfono. Le dijeron que hasta dentro de dos meses no tendría ese derecho a modo de castigo. La nueva medida tomada contra Frómeta se debe a una llamada realizada a su madre donde le pedía que divulgara la crítica situación que atraviesan los reclusos y el elevado número de casos positivos a la Covid-19 en la prisión Kilo-8 de Camagüey,

Aneski Jiménez Hardit, fue trasladado desde el reclusorio donde cumple sanción hacía el Hospital “La Dependiente”, en 10 de Octubre, La Habana, con síntomas de coronavirus, como son fortísimos dolores de cabeza, fiebre y diarreas. La atención médica que recibió fue de las peores.

El preso político Sandalio Mejías Zuleta se encuentra sin recibir la atención médica que necesita tras sufrir una parálisis facial en prisión 15-80. Mejías Zuleta, fue sancionado a comienzos de 2020, a un año de privación de libertad por un supuesto delito común, liberado poco tiempo después bajo libertad condicional y regresado nuevamente a la cárcel en octubre al serle revocada la medida por un Tribunal.

La prisionera política habanera Aymara Nieto Muñoz, se encuentra recluida en una cárcel en Las Tunas. Allí cumplió tres meses sin poder recibir alimentos y artículos de aseo enviados desde fuera. La familia no se ha podido trasladar a esa provincia y cuando alguien de la localidad, intenta ayudarlos, agentes de la policía política del régimen le decomisan lo destinado a Aymara.

Durante meses, ni la madre ni la esposa del preso político Didier Almagro Toledo, residente de Villa Clara, tuvieron noticias de él.  Didier fue golpeado y puesto en confinamiento solitario varias veces. Cuando sus familiares han exigido respuestas, el jefe penal ha mandado a decir que, por órdenes de la Contrainteligencia, no las pueden atender.

Con 23 años, Didier Almagro Toledo, integrante de la organización opositora Academia Julio Machado, fue arrestado el 4 de agosto de 2020 por su participación en un toque de cazuela junto a otros activistas y vecinos.

En noviembre de 2020 el Tribunal Provincial de Villa Clara ratificó la sanción de tres años de privación de libertad por el cargo de “desorden público” del que acusó a Almagro Toledo inicialmente.

Los anteriores son solo ejemplos, pues como digo, la lista es extensa.

Según el propio Informe No.19 sobre Derechos Humanos, emitido Centro Cubano de Derechos Humanos en marzo 2021, en Cuba hay:

  • 64 presos políticos que cumplen los requisitos internacionales para ser declarados Prisioneros de Conciencia
  • 35 prisioneros políticos cumplen condenas motivadas por actos políticos y/o contra la Seguridad del Estado
  • 41 condenados de conciencia y otros condenados políticos se encuentran en régimen de prisión domiciliaria o licencia extrapenal
  • 97 personas han sido arrestadas por razones políticas en los últimos meses. Ahora habrá que actualizar la lista con el nombre de Yoandi Montiel Hernández, El Gato de Cuba.

Mientras tanto, en plena pandemia transcurre el 8vo congreso del Partido Comunista de Cuba.  La prensa oficialista y los medios del mundo estarán centrados en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

Afuera del recinto la población se ahoga en la inmundicia o cae exterminada por el coronavirus chino. Dentro de las cárceles duermen nuestros hermanos, a los que dejamos abandonados a su suerte, porque nos importa más el meme de la carne de vaca que exigir que los liberen.

Admitámoslo ya: los cubanos tenemos lo que nos hemos ganado. El desastre que vive Cuba no es un castigo de Dios, es una consecuencia lógica de nuestras acciones, de las acciones de nuestros padres y de nuestros abuelos. Nosotros somos esa maldición que no arreglará la rogación de cabeza ni el pollo a Elegua.

Es hora de revisar estos más de 62 años de historia. Los Castro no fueron los únicos culpables. O nos despojamos para siempre del victimismo llorón y salimos a reclamar lo que merecemos o se hará realidad la profecía desafinada de Cándido Fabré y los 62 mil milenios de hambre y sarna.



María Álvarez, la madre de El Gato, aseguró en un video de YouTube que a su hijo se le acusaba de “hablar mal del gobierno y del presidente y por instigar a las personas a que salgan a la calle”. En menos de 24 horas el video ya registraba más de 19 mil vistas.
 

3 comentarios en "Las cuatro patas de El Gato"

  1. LIBERTAD Y PRUEBA DE VIDA DE EL GATO DE CUBA, SEGURO LO GOLPEARON, PORQUE NO DEJAN QUE LA FAMILIA?

  2. Ya basta de opresión al pueblo. Tienen que dejar libre a ese muchacho y a todos los presos políticos de Cuba.
    PATRIA Y VIDA!!!!!

Los comentarios están cerrados.

Entrada siguiente

Usuarios de varios países reportan problemas en Twitter

sáb Abr 17 , 2021
Usuarios de varios países han reportado este sábado una serie de problemas en Twitter, entre los que se destacan inconvenientes al intentar acceder a sus perfiles y al momento de […]
blank
A %d blogueros les gusta esto: