Estudiante cubana en estado grave luego de ser inoculada con el experimento vacunal “Abdala”


Ni Abdala ni Soberana 02 a son aptas para administración masiva y una acción de tal naturaleza viola todos los protocolos internacionales de investigación, ensayos y producción de vacunas.

Cuba ha experimentado un profundo fracaso en la lucha contra el coronavirus. El control ha sido deficiente. Las estadísticas son un secreto, pero la información siempre termina por salir a la luz.


Una estudiante de medicina de tercer año se encuentra en estado grave luego de recibir la primera dosis de un experimento vacunal cubano contra el coronavirus.

La joven, cuyo nombre es Claudia, natural de Manzanillo, provincia de Granma, permanece en el hospital de esa ciudad en estado grave.

Según fuentes de Radio Viva 24, ocho horas después de que fuera inoculada con Adala, la estudiante comenzó a experimentar fiebre alta, temblores, dolores articulatorios, dificultad respiratoria, turbación y pérdida del conocimiento.

Aunque las pruebas de detección que se le realizaron dieron positivo para COVID 19, en el reporte hospitalario entregado a los familiares se asegura que Claudia padece una sepsis o infección generalizada. La enfermedad compromete la vida de la paciente, ya que el hospital no cuenta con antibióticos de amplio espectro para tratarla.

Una doctora residente del hospital dijo a Radio Viva 24 que no se ha podido determinar con exactitud si se trata de una reacción a Abdala. Una de las hipótesis que se maneja es que el suero o el equipo de inyección estuvieran contaminados con un Staphylococcus aureus, bacteria que se determinó como la causante de la infección.

La profesional cubana explica que, aunque se trate de maquillar la información, Claudia padece de un síndrome del shock tóxico: se trata de una afección potencialmente mortal causada por toxinas de ciertos tipos de bacterias.

“De momento la paciente presenta falla renal y endocarditis, que es Infección del revestimiento interno del corazón y que ya de por sí deja secuelas. Esta tarde dicen que iban a llegar los antibióticos”, comentó la doctora.

Aplicar masivamente el candidato vacunal Abdala es una aberración científica

Cuba ha experimentado un profundo fracaso en la lucha contra el coronavirus. El control ha sido deficiente. Las estadísticas son un secreto, pero la información siempre termina por salir a la luz.

Informaciones obtenidas por Radio Viva 24 revelan que las pruebas de los cinco candidatos vacunales cubanos arrojan una eficacia inferior el 50 % en la prevención de la enfermedad. Por esa razón algunos de los grupos inoculados han recibido tres dosis de la misma vacuna y ya se habla de una cuarta.

Al parecer las vacunas cubanas no consiguen que la personas desarrollen anticuerpos, lo que equivale a que el organismo no sería capaz de detectar y neutralizar el coronavirus cuando invade las células sanas.

Normalmente el estudio de una vacuna implica cuatro fases antes de que el preparado se apruebe para su administración masiva. Abdala, según información del régimen de la isla, recién concluyó la fase III de experimentación. Pero las fechas no cuadran. Pareciera que la fase II de Abdala o no ocurrió u ocurrió en un tiempo razonablemente inferior a lo que normalmente tarda. Aún así Abadala es un ensayo que no ha llegado siquiera a la mitad de su protocolo.

Sin embargo, desde el 12 mayo la Habana comenzó una campaña de inoculación masiva con los dos principales candidatos vacunales cubanos Abdala y Soberana 02, que no han concluido la fase III.

Incluso, expertos cubanos coinciden en que la metodología masiva elegida por La Habana para probar las vacunas nacionales contra el COVID-19 resulta arriesgada, debido a la cantidad de voluntarios implicados en la fase III.

Es decir, que ni Abdala ni Soberana 02 a son aptas para administración masiva y que una acción de tal naturaleza viola todos los protocolos internacionales de ensayos y producción de vacunas.

En la fase II de un candidato vacunal , supuestamente concluida para Abdala, se inoculan a varios cientos de personas, no a miles. La razón para que así sea es sencilla: no es lo mismo contener un efecto indeseado o una reacción adversa en cientos de personas que en miles.

Algunas de las personas que participan en la fase II pueden pertenecer a grupos en riesgo de contraer la enfermedad; los ensayos son aleatorios y bien controlados, e incluyen a un grupo de placebo.

Es decir, que una parte de los inoculados no recibiría la vacuna, sino una sustancia que no contiene el preparado (placebo).

Hay elementos de fuerza para creer que Cuba no está inoculando a la población con placebo. Desde el punto de vista científico sería esta otra razón para echar abajo las vacunas cubanas, lo que las excluiría también del mercado mundial.

Dadas las precarias condiciones higiénico-sanitarias de Cuba y a la presión a que son sometidos los científicos que trabajan con los candidatos vacunales, la comunidad científica mira con recelo los ensayos llevados a cabo por la isla.

Es muy posible que Cuba haya invertido millones de dólares en otro negocio fallido, solo que esta vez las consecuencias podrían comprometer seriamente la salud de su población.

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Francisco Alemán de Las Casas

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