Elección presidencial en Siria para confirmar medio siglo de poder del clan Asad

La elección presidencial que se celebra en Siria el miércoles confirmará el poder del clan Asad a lo largo de medio siglo, al ofrecer un cuarto mandato a Bashar Al Asad, que se proclama el hombre de la reconstrucción del país tras 10 años de devastadora guerra civil.

Estos comicios, calificados de “puro teatro” por Occidente que los considera “ni libres ni justos”, serán los segundos desde el inicio del conflicto en 2011.

Por su lado, la oposición siria habla de “farsa” electoral.

En cualquier caso, Bashar al Asad, de 55 años, ha podido revertir el curso de la guerra con la ayuda de sus aliados — Rusia, Irán, y el Hezbolá libanés –, encadenando victorias desde 2015 que le permitieron recuperar las dos terceras partes del territorio, al precio de un cruento balance, publica RFI.

“La esperanza mediante el trabajo”: Tal es el eslogan elegido por Asad para su campaña electoral, en un país con una economía destrozada y con las infraestructuras destruidas por un conflicto que ha dejado más de 388.000 muertos y conducido al exilio a millones de sirios.

“Los sirios que van a votar lo hacen para expresar su lealtad a Bashar Al Asad y al sistema” resume el analista Fabrice Balanche, de la Universidad Lumière Lyon 2.

La victoria del miércoles, que le permitirá otro mandato de siete años, se celebrará en las regiones bajo el control de su ejército.

En la capital Damasco, sus retratos han invadido las calles. También hay otros mucho más discretos, de los otros dos candidatos, el exministro Abdalá Sallum Abdala y Mahmud Marei, miembro de la oposición tolerada. Se trata de meros comparsas, acusan los detractores.

La ley electoral exige a los candidatos haber vivido en Siria diez años consecutivos antes de la elección, lo que excluye de hecho a las figuras de la oposición en el exilio, además muy debilitadas.

Bashar Al Asad fue propulsado al poder en 2000, para reemplazar a su padre Hafez, fallecido tras 30 años a la cabeza del país.

Antes de las elecciones de este miércoles, Asad decretó una amnistía para miles de presos. Su video de campaña debuta con imágenes de explosiones, de habitantes huyendo de barrios devastados, antes de encadenar con una retórica de reconstrucción : un maestro que cubre un agujero de obús en su clase, en agricultor que lo hace en su terreno, una empresa que vuelve a funcionar.

Pero al haberse convertido en un paria internacional, su margen de maniobra para reconstruir el país parece limitado, teniendo en cuenta las sanciones que afectan al propio Asad y a su país y la dramática situación económica, con más del 80% de la población en estado de pobreza, según la ONU.

Un reciente informe de la ONG World Vision evaluó el coste económico de la guerra en más de 1,2 billones de dólares (1 billón de euros).

“La campaña de Bashar pone el acento en su rol de hombre que ha ganado la guerra, que tiene grandes ideas para la reconstrucción, el único capaz de instaurar orden tras el caos”, explica Nicholas Heras, experto del Newlines Institute de Washington.

Ahora, el objetivo del régimen sirio es atraer a “grandes inversores y prestamistas”, como los países del Golfo, con los que Damasco ha restablecido el contacto tras una ruptura, agrega el experto”.

En este país escindido, los territorios autónomos kurdos del noreste van a ignorar estas elecciones, y el último gran feudo yihadista y rebeldes de Idlib (noroeste) no se verá implicado en ellas.

En 2014, en la precedente presidencial, Asad había obtenido más del 88% de los votos, según los resultados oficiales.

Foto: AFP

Vía: RFI

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