Apuntes sobre el mesianismo político en Cuba

blank

Por Julio Lorente


El 19 de mayo de 1895 caía en su primera aparición en combate José Martí, y con esa muerte precipitada también desaparecía un proyecto de república que giraba en torno a una frase oracular: Con todos y para el bien de todos.

“Martí era todo”, escribiría el brigadier Enrique Collazo. Un todo que entendía el ejercicio político como martirio y el cuerpo como la extensión de una eticidad fundante que tenía que concretarse en un país. Se podría decir que Martí pensaba un país a su imagen y semejanza; un país epónimo.

Martí es la síntesis de una genealogía que se funda en el Padre Félix Varela. Un relato que figura a la nación como espíritu, un telos insular de proporciones románticas que va a intentar fundar un metarrelato moral que identifica a la tierra con el hombre, lo cubano con un designio.

De esto resulta un nacionalismo de carácter personalista, rasgo que nos hace entender que en el panorama político cubano predomine esa heroicidad mitológica apegada a la imagen de nación.

A fuerza de frustración colectiva se ha modelado un arquetipo de líder en la historia de Cuba que precisa galvanizar a las masas. La extensión de esta aspiración judeocristiana devenida en fórmula política providencial, es un sustituto que se legitima en la historia mediante la espera del mesías político, que casi siempre ejerce una sintonía carismática con la multitud porque ésta a su vez le espera para concretar en él una aspiración colectiva. Jung se refería a esto como “personalidad maná”. El inconsciente colectivo puede arrastrar a un hombre a la locura por una expectativa mesiánica.

El mesianismo político en la historia de Cuba es permanente en la medida en que se suele confundir a Cuba con un hombre, o un hombre arroja sobre sí esa definición caricaturescamente ontológica que resulta en ardid populista con consecuencias totalitarias.

Los caminos de alteridad de la nación cubana han quedado difuminados en esta espera mesiánica, en esta visión unívoca que desespera y sigue construyendo golems de barro que no se sostienen más allá de la represión achacosa de un Estado que se presenta como nación impostada. Por lo tanto, el sujeto nacional sigue sin conectar con la actitud cívica y termina atrapado dentro de una hegemonía que sigue definiendo la cubanidad como una categoría política.

La intelección de la identidad cubana sigue apegada a esta concepción de bloque que ve en la espera providencial la concreción de un destino cultural que tristemente termina siendo de estricto uso político. Al parecer la llegada de un hombre sigue cifrando las esperanzas de los cubanos.

 


blank
“Encuentro”; esculturas superrealistas. Autores: Manolo Castro y Julio Lorente.

 

 

 

Entrada siguiente

Destacado miembro del movimiento de protesta San Isidro pide asilo en Suiza

vie Nov 26 , 2021
El periodista y activista cubano Alfredo Martínez Ramírez, integrante de los movimientos San Isidro y 27N, viajó a Zúrich para solicitar asilo político en Suiza, confirmaron el jueves a Efe […]
blank

A %d blogueros les gusta esto: