Una guerra adictiva: Cómo los capos de la droga manipulan a la justicia en EEUU

Casi 13 años después y a más de 2,000 kilómetros de las violentas calles de Medellín, Carlos Mario Aguilar ha reconstruido su vida en el sur de Florida.

El presunto jefe criminal colombiano, conocido con el alias de Rogelio, ha escapado de su sangriento pasado para disfrutar de la vida en un exclusivo condominio y de un trabajo en una empresa de logística.

Mientras que las familias de las víctimas de los carteles pocas veces obtienen justicia, Rogelio es un hombre libre gracias a lo que los capos colombianos solían temer: enfrentarse a la justicia estadounidense, publica El Nuevo Herald.

El narcotraficante colombiano Pablo Escobar acuñó la conocida frase “prefiero una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”.

Pero entregarse a las autoridades y la extradición son mecanismos que se convirtieron en un pase expedito hacia la libertad para algunos capos sagaces con buenos abogados.

Después de 50 años de la declaración de la llamada Guerra contra las Drogas por el presidente Richard Nixon, el caso de Rogelio recuerda con crudeza cómo una estrategia clave en la política antidrogas de Estados Unidos se ha transformado en algo irreconocible respecto a su objetivo inicial.

Joaquín El Chapo Guzmán sentado dentro de un helicóptero de la policía federal mexicana en Ciudad de México el 22 de febrero de 2014. REUTERS / Alamy Stock Photo ALAMY STOCK PHOTO Read more at: https://www.elnuevoherald.com/noticias/america-latina/article256546791.html#storylink=cpy

Los primeros esfuerzos se enfocaron en interrumpir la distribución de drogas en Estados Unidos. Con el tiempo, la táctica evolucionó hacia la eliminación de los poderosos jefes de los carteles, intentando que rindieran cuentas en Estados Unidos, ya que rara vez eran castigados en sus países.

Sin embargo, los narcotraficantes han aprendido a manipular este proceso, conservando parte de su fortuna para sus familias y obteniendo sentencias más leves.

Una parte del dinero confiscado compensa los costos de los esfuerzos antidroga de Estados Unidos, pero los países de origen a menudo ven pocos beneficios.

Una investigación realizada por el Organized Crime and Corruption Reporting Project, OCCRP, y sus socios, a partir de datos recopilados en Colombia y México, muestra que la extradición se ha convertido en un mecanismo que a menudo favorece a los criminales con buenos contactos.

Mientras tanto, el negocio de las drogas sigue intacto y floreciente. OCCRP recopiló una muestra de 37 casos de narcotraficantes mexicanos y colombianos de nivel medio y alto extraditados en el período 2005-2015.

Los datos muestran cómo algunos de los grandes capos del mundo han sido tratados con compasión.

De esos 37 casos, 23 pasaron o pasarán 10 años o menos bajo custodia de Estados Unidos.

Sólo dos fueron condenados a cadena perpetua. Los periodos más cortos de detención oscilaron entre uno y tres años. Incluso un acusado de alto rango pasó sólo ocho meses tras las rejas antes de ser deportado a Colombia, donde pasó otro breve período en prisión.

El resultado final de esta indulgencia es que caer en manos de los estadounidenses — décadas después de que Escobar le declarara la guerra al Estado colombiano para evitar ese mismo destino — ya no es algo que muchos capos tratan de eludir a toda costa.

En vez de esperar a ser acorralados, muchos ahora optan por moverse sigilosamente y cooperar con las autoridades estadounidenses entregando información sobre sus aliados y enemigos.

Algunos incluso sortean por completo el proceso de extradición, entregándose en terceros países y llegando a sus propios acuerdos secretos con Estados Unidos.

“Captaron la fórmula, sobre todo los capos más grandes”, dijo David Zapp, un abogado penalista de Nueva York que ha representado a narcos de alto nivel. “Se corrió la voz de que si cooperas y ayudas al Team America te irá muy bien”.

Antiguos altos funcionarios de organismos de seguridad insisten que la práctica de dictar sentencias menos severas a quienes cooperan – algunos incluso sospechosos de cometer atrocidades en su país de origen – puede ayudar a desarticular grupos criminales.

“Es crucial, es crítico, no se podría hacer sin cooperación”, dijo Michael Nadler, exfiscal federal del Distrito Sur de Florida.

Pero varios veteranos de estas cinco décadas de la Guerra contra las Drogas señalan que la extradición y otras estrategias se han quedado cortas, ya que los carteles han evolucionado hasta convertirse en organizaciones de varios niveles que ya no están centralizadas.

También trafican mujeres, contrabandean mercancías, extorsionan empresas, e incluso financian minas de oro ilegal.

“Destruimos cultivos ilícitos, destruimos laboratorios, incautamos precursores (químicos), incautamos grandes toneladas de droga”, dijo Wilson Martínez, exvicefiscal general de Colombia. “Pero seguimos en el mismo punto”.

 

POR ANTONIO MARIA DELGADO, BRIAN FITZPATRICK, KEVIN G. HALL, LILIA SAÚL RODRIGUEZ, JAY WEAVER, Y VERDAD ABIERTA

Foto: AP. referencia

Vía: El Nuevo Herald

 

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