Cruceros contrataron a agencias del gobierno de Cuba para actividades turísticas

En el apogeo del entusiasmo provocado por el histórico restablecimiento de las relaciones con Cuba por parte del presidente Barack Obama, varias líneas de cruceros se apresuraron a asegurarse una cuota del prometedor mercado de la isla bajo las regulaciones que habían sido relajadas para promover el contacto entre los pueblos.

Las compañías de cruceros sabían que viajar a Cuba para hacer turismo era ilegal.

Entonces, en lugar de tomar mojitos en la playa de Varadero, se suponía que los estadounidenses que iban a Cuba participarían en iniciativas humanitarias y de impacto social que ayudarían a los cubanos a independizarse del estado, según prometieron las líneas de cruceros.

Pero nueva evidencia que se hizo pública en la corte federal de Miami muestra que tras bambalinas, cuatro compañías de cruceros importantes—Carnival, Royal Caribbean, Norwegian y MSC Cruises—firmaron acuerdos con agencias de viajes del gobierno cubano para brindar “servicios turísticos” a sus pasajeros, pese a la prohibición sobre el turismo contenida en el embargo, publica El Nuevo Herald.

Cubanos saludan a pasajeros en el barco de cruceros Adonia de Carnival a su llegada a La Habana desde Miami en mayo de 2016. RAMÓN ESPINOSA AP

Los servicios incluían excursiones a cabarets y playas que no parecían cumplir con las reglas sobre los viajes a Cuba.

Carnival registró una subsidiaria en la Cámara de Comercio de Cuba en 2018 con el propósito declarado de “realizar actividades comerciales relacionadas con el turismo”. Y firmó un memorando de entendimiento con una empresa de turismo llamada Gaviota, propiedad de las fuerzas armadas de Cuba, que dirige gran parte de la actividad económica en la isla, para la prestación de “servicios turísticos”.

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Captura de pantalla de una presentación de PowerPoint de los abogados de Havana Docks presentada en un tribunal federal de Miami. Carnival registró una subsidiaria en la Cámara de Comercio de Cuba.

No queriendo quedarse atrás, Royal Caribbean incluso hizo consultas con una agencia legal del gobierno cubano para obtener permisos para abrir y operar casinos en Cuba, según los documentos, que también indican que Royal se benefició de la reventa de “visas de turista” cubanas a pasajeros con un margen de beneficio del 50 por ciento.

Las compañías de cruceros siguieron adelante a pesar de las advertencias del Departamento del Tesoro de que la autorización para llevar viajeros a Cuba no era excusa para violar otras leyes y reglamentos, según muestran los récords y comunicaciones de la agencia.

También se arriesgaron a hacer negocios con Cuba a pesar de tener algún conocimiento de que algunos de los puertos que iban a utilizar eran objeto de disputas por reclamos de propiedad porque fueron confiscados a sus dueños por el gobierno de Fidel Castro en 1960.

Cuando se confrontaron con la evidencia en la corte, las compañías insistieron en que todos sus tratos en Cuba eran legales porque el gobierno de Obama autorizó los viajes en crucero como parte de una ambiciosa reforma de la política exterior de Estados Unidos hacia la isla caribeña.

Aunque la burbuja de los viajes a Cuba duró poco, su apuesta valió la pena ya que las cuatro compañías obtuvieron al menos $1.1 mil millones en ingresos por viajes a La Habana entre 2016 y 2019.

El floreciente negocio también benefició al gobierno cubano, que se embolsó un poco más de $138 millones.

Estas interioridades del negocio de los cruceros a Cuba aparecen en cientos de páginas de documentos recientemente catalogados como récords públicos en el tribunal federal del Distrito Sur de Florida vinculados a demandas contra cada una de estas líneas de cruceros por parte de la compañía estadounidense Havana Docks.

Esta compañía afirma que las líneas de cruceros estaban usando ilegalmente sus tres muelles en el puerto de La Habana que fueron confiscados indebidamente por el gobierno de Fidel Castro en 1960.

Los registros incluyen contratos, estados financieros, intercambios de correo electrónico, evaluaciones legales y declaraciones.

Algunos solo se mencionaron parcialmente en las presentaciones de PowerPoint que se mostraron durante una audiencia en enero porque su versión completa permanece sellada a petición de las compañías de cruceros.

El fallo de un juez de que las empresas estaban involucradas en actividades turísticas terminaría por confirmar los peores temores de muchos cubanoamericanos y funcionarios públicos del sur de la Florida: que los viajes bajo la categoría de contacto “persona a persona” fueron una cortina de humo para justificar el turismo ilegal que enriqueció las arcas de Cuba, ayudando a financiar un régimen represivo.

Y tal fallo podría aumentar las posibilidades de un pago multimillonario a Havana Docks en compensación por el uso ilegal de su propiedad en Cuba.

En última instancia, el caso pone a prueba la autoridad del presidente Obama para hacer cambios en la política exterior que algunos insisten traspasaron el límite de lo permitido por el embargo.

Después de varias mociones y demoras, la jueza federal del Distrito Sur de Florida, Beth Bloom, decidirá si las demandas irán a juicio.

 La imagen que surgió en la audiencia de enero, cuando se autorizó a Havana Docks a revelar algunas pruebas, parece confirmar algunas de las preocupaciones de los exiliados cubanos sobre la apertura económica bajo la administración de Obama, en particular, que la vaga categoría de viajes para promover el contacto entre los pueblos (people-to-people) era turismo disfrazado.

Al principio, algunos ejecutivos de cruceros compartían la misma opinión.

En un video mostrado en la corte, grabado en el Cuba Opportunity Summit, un evento organizado por Knowledge@Wharton en el 2015, el presidente y director ejecutivo de Norwegian dijo que creía que llevar a miles de viajeros estadounidenses bajo esas reglas era “una exageración”.

“El turismo sigue siendo ilegal bajo el conjunto de reglas, políticas y pautas actuales”, dijo Frank del Río, quien es cubanoamericano.

“Y sería difícil para nosotros que un barco con 4,000 turistas, llamémoslos personas, se presente en La Habana y llame a eso un viaje ‘de pueblo a pueblo’.

Eso sería forzar las reglas”. Del Río dijo que Norwegian no aprovecharía los cambios en las regulaciones de viaje realizados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro en ese momento porque otras leyes que rigen el embargo, como la Ley Helms-Burton, aún estaban vigentes.

“Mi perspectiva es, para mis tres marcas, hasta que el Congreso revoque oficialmente la Ley Helms-Burton”, continuó, “incluso si puedes hacerlo por la puerta trasera a través de OFAC, no sería lo correcto.

No creo que esa puerta trasera o esa brecha legal, por así decirlo, funcionen de manera sostenida”.

La Ley Helms-Burton, aprobada en 1996, codificó muchas de las reglas que constituyen el embargo contra Cuba. Su Título III, puesto en vigor por primera vez en el 2019 por el presidente Donald Trump, permitió a Havana Docks demandar a las líneas de cruceros por presunto uso de sus bienes confiscados.

Aún así, cuando Departamento del Tesoro suavizó aún más las pautas para permitir explícitamente los “servicios de transporte por barco” en septiembre de 2015, Norwegian y otras líneas de cruceros corrieron a hacer negocios con Cuba.

Pero algunas de las acciones tomadas por las líneas de cruceros parecen haber ido más allá de lo que era legal en ese momento.

Según evidencia no disputada presentada durante la audiencia reciente, Carnival, Royal Caribbean y Norwegian, todas con sede en Miami, firmaron contratos con Havanatur, la agencia de viajes más grande del Ministerio de Turismo de Cuba para que proveyera “servicios turísticos” a sus pasajeros, según muestran los registros.

MSC Cruceros hizo lo mismo con Cubanacán, otra agencia de viajes y cadena hotelera del gobierno.

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Captura de pantalla de una presentación de PowerPoint de los abogados de Havana Docks presentada en un tribunal federal de Miami. Norwegian firmó un contrato con Havanatur, una agencia del Ministerio de Turismo de Cuba. Según el acuerdo, Havanatur brindó “servicios de recepción turística” a los pasajeros, incluidas excursiones en tierra.

 

“Mediante este acuerdo, las partes han estipulado los términos en que Havanatur venderá servicios de recepción turística en la República de Cuba para atender a los pasajeros enviados por la agencia”, se lee en el contrato firmado por Del Río en nombre de Norwegian, según capturas de pantalla del documento mostrado en la corte.

“Este último”, es decir, Norwegian, “realizará igualmente los pagos resultantes de estos servicios”.

MSC Cruceros firmó un acuerdo similar con Cubanacán, en virtud del cual la agencia cubana se encargaba de brindar “servicios turísticos”, incluidas las excursiones a los pasajeros.

“Esto parece ser una evidencia poderosa de que hubo una intención de proporcionar actividades turísticas”, dijo la jueza Bloom en la audiencia.

Como parte de las ofertas, las líneas de cruceros comercializaron y vendieron excursiones ofrecidas por las compañías cubanas, desde una “clase de coctelería” hasta pasar una velada “bajo el cielo cubano” en el famoso Cabaret Tropicana de La Habana y excursiones a las playas de Varadero y Santa María, que posiblemente no cumplían con los requisitos de las licencias generales de la OFAC que autorizan tanto a los cruceros como a los pasajeros a viajar a Cuba.

Este es un párrafo de un material de marketing de MSC Cruises que vende una excursión de ocho horas al famoso balneario de Varadero: “El idílico entorno natural y las cálidas aguas del Caribe se complementan perfectamente con el uso gratuito de sombrillas y sillas de playa durante su estadía, así como con un delicioso bufé.

Tendrás unas cinco horas para saborear el entorno, ir a nadar, pasear por la playa, escuchar música cubana o incluso jugar en la playa.

Este recorrido completamente relajante termina con su viaje panorámico de regreso al puerto y a su barco”.

De acuerdo con las descripciones de los recorridos turísticos de La Habana Vieja, los recorridos en autobús por la capital cubana, las excursiones para ver una ceremonia con cañones de la época colonial en la bahía o ir a bucear, ofrecidas por las líneas de cruceros, estas actividades tampoco parecen haber seguido las regulaciones de que los viajeros debían mantener un horario completo de actividades educativas que incluyeran una interacción sustancial con los lugareños.

En sus lineamientos en ese momento, el Departamento del Tesoro dijo explícitamente que explorar las calles de La Habana y participar en “intercambios breves con los vendedores” y “conversaciones informales con los meseros en los restaurantes y el personal del hotel” no eran “actividades educativas que resultarán en interacciones significativas” con los cubanos.

Norwegian le dijo a sus pasajeros que estas excursiones cumplían con los requerimientos del Tesoro, según dijeron los abogados de Havana Docks en la audiencia de enero.

Pero Carnival incluyó un descargo de responsabilidad en su material de marketing para las excursiones nocturnas a Tropicana, el Cabaret Parisien y la ceremonia del cañón conocida como “El Cañonazo”, reconociendo que la excursión “no cumple” con los requerimientos de la categoría de viaje de intercambio entre los pueblos y “no puede ser considerada como parte del programa completo de actividades requerido”………

Los miembros del Congreso de Florida que en ese momento se opusieron a las políticas de compromiso de la administración Obama con Cuba expresaron su preocupación por la nueva evidencia…..

POR NORA GÁMEZ TORRES

Foto: EFE

El Nuevo Herald

 

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