Will Smith y sus privilegios: golpea un hombre, recibe un Óscar y se va ovacionado


Por Emmanuel Alejandro Rondón.


Triste caso el de Will Smith. En la noche donde debió consagrar su carrera como el gran actor que es, celebrando su Óscar al mejor actor gracias a su fantástico papel en ‘El método Williams’, Smith decidió arruinar la noche con sus propias manos, propinándole un cachetazo al comediante Chris Rock, quien hizo un chiste desubicado contra Jada Smith, esposa del actor.

La reacción de Will Smith contra Rock es inaceptable e indefendible. Es cierto, el chiste sobre la cabeza rapada de Jada, quien padece de alopecia, fue desubicado y hasta de mal gusto, pero eso no es excusa para increparlo, golpearlo y luego perder los papeles en un evento de tal magnitud.

La comedia puede ser pesada, cruel, negra, y está bien que sea así. Si no te gusta, fácil, no la consumas.

Si te incomoda tanto un show de comedia o los chistes pesados, ignóralos o, en su defecto, critícalos. Si a cada comediante se le violentara por un chiste fuerte la comedia moriría, publica El American.

Will Smith debería saber cómo funciona la comedia, ¡él es un comediante!, pudo haber tomado a Jada de la mano, salir del evento y posteriormente criticar el show de Rock o dar una declaración.

Esa hubiese sido una respuesta proporcional. Pero no, Smith decidió rebajarse, armar un espectáculo y comportarse como un hombre sin compostura, impulsivo y violento. No existe nada más triste que eso.

Hay quiénes defienden a Smith, arguyen que su reacción fue “normal” y entendible, pues un “insulto” —que no fue tal cosa— puede ser respondido con una cachetada.

Otros dicen que defendió a su esposa y por eso está bien.

Están muy equivocados. Defender a los tuyos no es ir por la vida lanzando puñetazos; comparar un chiste con un insulto, una amenaza o un maltrato es un error; y dar esa imagen a nivel global es un bochorno.

Además, Will Smith francamente no tiene ninguna excusa.

Es indefendible. Porque su desproporcionada reacción contra Chris Rock llega instantes después de que él mismo soltara una evidente carcajada por el chiste dirigido a Jada. Solo reaccionó una vez vio que a su mujer no le gustó la broma, pero él mismo fue cómplice del chiste de Rock, con su risa.

La noche de Smith, que debió ser gloriosa para él, terminó siendo patética. Al recibir su estatuilla rompió en llanto, cuan niñato confundido.

Citó al amor para justificar su cachetada, dijo que quería ser una suerte de recipiente para el amor y se disculpó con todos, menos con el hombre que golpeó.

Ah, y fue ovacionado de pie por la multitud hollywoodense. Un cierre hipócrita que está a la altura de lo que es hoy La Academia.

 

Foto: EFE

Vía: El American

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