Thanksgiving, el día para agradecer y compartir

Todos celebramos, de una manera u otra, la fortuna que significa la vida, la salud, los bienes o una buena cosecha, y el Día de Acción de Gracias, el célebre Thanksgiving, recoge precisamente todo eso cada último jueves de noviembre.

Esa fue precisamente la razón por la que un grupo de inmigrantes ingleses religiosos, que huían de la persecución y encontraron refugio en Norteamérica, optaron por hacer en 1620 para agradecer a los pobladores nativos de la tierra que los acogió y a Dios haberlos dejado asentarse y cultivar la tierra para comer.

“Esos fueron básicamente los motivos de aquella cena, a la que fueron invitados los pobladores de la zona”, señala documentos de la época, que están celosamente guardados en la biblioteca nacional Library of Congress, en Washington DC.

Aquellos inmigrantes, que más tarde conocimos como peregrinos y llegaron a esta tierra a bordo de un barco llamado Mayflower, eran protestantes puritanos que optaron por abandonar su país para crear una colonia donde pudieran practican su fe libremente, publica Libertad USA.

Cuentan los historiadores que la colonia fue fundada en un lugar cerca del mar, al que dieron el nombre del puerto de donde zaparon en Inglaterra, Plymouth, en lo que hoy conocemos por el estado Massachusetts.

Un año antes, cuando el frío invierno azotó, los refugiados perdieron sus cosechas de trigo, hortalizas y frutas, lo que hizo sentir el hambre entre ellos.

“Muchos pensaron que morirían. Apenas tenían un bocado de comida para sobrevivir”, alega los escritos históricos en la capital de Estados Unidos.

Días después, cuando apenas tenían algo para comer, los indios de Wampanoag compartieron los poco que tenían y les enseñaron a sembrar maíz, así como a cazar conejos y jabalíes y a pescar en ríos y el mar.

Y llegó el verano, y con él la luz del Sol y el agua de lluvia que alimentó los cultivos.

En el otoño, los peregrinos recogieron los frutos de cosecha y hubo un cambio rotundo de percepción, y como colonos, que vivían en tierras nuevas, optaron por agradecer a sus vecinos indios la amistad y la ayuda que recibieron con una cena especial.

Los historiadores le llaman The America’s First Thanksgiving, o el primer Día de Acción de Gracias en Estados Unidos: los indios llevaron carne de ciervo y pavos para asar, mientras los colonos prepararon pasteles y cocidos de calabacines y batatas.

En los subsiguientes años, la cena fue repetida hasta que se extendió por buena parte de la población, que continuó llegando de tierras lejanas.

Hay quienes cuestionan el lugar dónde se celebró aquella cena: si fue cerca de Plymouth, o en Berkeley Hundred, en Virginia, donde otro grupo de colonos se asentó. Controversia que se complica cuando unos presentan la celebración como un acto general de agradecimiento y otros como servicio religioso que agradece a Dios la existencia de la vida.

De hecho, el historiador James W. Becker aborda ese asunto en la publicación Thanksgiving: The Biography of an American Holiday, o acción de gracias: la biografía de una fiesta estadounidense.

Baker tilda el debate de “tempestad en un vaso de agua” y “maravillosa estupidez ” que están únicamente basadas en afirmaciones regionales.

Otros incluso reclaman que el primer Día de Acción de Gracias fue celebrado por los exploradores españoles en Texas, en una localidad que llaman hoy San Elizario, 22 años antes, en 1598.

Otros académicos aseguran que la primera gran cena de agradecimiento se realizó en un lugar que hoy conocemos por San Agustín, en Florida, el 8 de septiembre de 1565.

La controversia continuó y el presidente John F. Kennedy optó por un punto medio, dejando a un lado a Texas y Florida, y decretó el 5 de noviembre de 1963: “Desde hace tres siglos, nuestros antepasados en Virginia y en Massachusetts, lejos de su hogar en un desierto solitario, reservaron un momento de agradecimiento.

En el día señalado, dieron un reverente agradecimiento por su seguridad, la salud de sus hijos, la fertilidad de sus campos, por el amor que los unía, y por la fe que los unió con su Dios “.

Prácticamente oculto en los mapas de la región, a sólo 40 millas de Boston, yace el enclave que los peregrinos llamaron Plymouth.

En ese caso, Plymouth cuenta con el capítulo único de haber sido fundado por aquellos que buscaban nuevas tierras donde profesar libremente su fe y laborar sin grandes restricciones. El lugar luce hoy elegante casonas de antaño y calles muy pintorescas que parecen indicar la ruta a seguir para conocer la historia.

Allí está el parque temático dedicado al histórico asentamiento. Llamado Plimoth Plantation, escrito con “i” y faltando la “u”, como originalmente le llamaron los peregrinos hace 402 años, muestra una singular reproducción de aquel primer poblado con calles y caminos, pequeñas moradas acondicionadas a la época de entonces, así como edificaciones públicas donde aquellos primeros habitantes se reunían para orar, escuchar a su líder o simplemente atender los asuntos comunitarios……..

Jesús Hernández – Diario Las Américas

Foto: Congress

Vía: Libertad USA

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